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El camino hacia la prosperidad

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He estado insistiendo en lo que considero la confusión reinante en el mundo, como consecuencia de la ignorancia prevaleciente respecto a los principios determinantes del mundo en que vivimos. Mundo que hasta hace unos doscientos años -como estableció William Bernstein en su The Birth of Plenty- vivía como vivía Jesucristo.

Esa confusión surge como consecuencia de la aparente ignorancia respecto al carácter filosófico-político del liberalismo. En gran medida, se considera erróneamente que el liberalismo entraña una forma de pensar del ser humano, cuando es el producto de las ideas que dieron la luz al sistema ético, político y jurídico que cambió la Historia.

Esas ideas surgieron en primera instancia del pensamiento de John Locke en Inglaterra que determinó la transformación inglesa a partir de la Glorious Revolution de 1688. Y voy también a insistir en que ella no se debió a la llamada cultura anglosajona, pues como reconoció David Hume: Los ingleses en aquella era estaban tan sometidos como los esclavos de Este.

Podemos ver entonces, las ideas de Locke partieron del reconocimiento de la naturaleza humana y no de la intención de transformarla. Locke reconoció que los monarcas también son hombres y por tanto se requería la limitación de las prerrogativas del rey. O sea estaba en contra del derecho divino de los reyes e igualmente a favor de la libertad religiosa. Y al respecto escribió: “Nadie puede ir al cielo con una religión en la que no cree”.

Por supuesto, también estaba a favor de la propiedad privada, que consideraba producto del trabajo del hombre. Voy a insistir entonces en un principio al cual consideraba el fundamento de la libertad. Escribió en su Un Ensayo Concerniente al Entendimiento Humano: “El derecho del hombre a la búsqueda de la felicidad es el principio fundamental de la libertad”.

Ese principio fue reconocido prácticamente por Adam Smith en su concepción de la mano invisible y así escribió: “En la persecución de su propio interés el hombre frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que cuando realmente intenta promoverlo. Yo nunca he visto mucho bien hecho por aquellos que afectan negociar por el bien público”. Y a los hechos me remito en la actualidad respecto al realismo de esa observación.

Lamentablemente todavía se habla del liberalismo francés, que considero una falacia de la historia. Como bien dijera Ayn Rand: “La filosofía americana de los derechos del hombre nunca fue totalmente comprendida por los intelectuales europeos”. Y valga la redundancia, recordemos el pensamiento de Rousseau, Kant, Hegel y Marx como el baluarte del totalitarismo con la racionalización del despotismo.

No obstante esa realidad, en un libro de Ignacio de Posadas Montero El Rescate de un Liberalismo Perdido, el autor persiste en el pensamiento de Locke pero ignora el el derecho a la búsqueda de la felicidad. Seguidamente se refiere al liberalismo francés y al respecto cita a Condorcet en el sentido de que el liberalismo creo un proceso de perfección de la naturaleza humana.

Nada más falaz que ese pensamiento, pues como reconociera David Hume, siguiendo el pensamiento de Locke: “Es imposible el cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación”.

PRECAUCIONES
Los anteriores principios señalados por Locke, Hume y Adam Smith fueron llevados a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791.

Y perdón, pero voy a volver a citar a James Madison que escribió: “Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, ningún control externo ni interno sería necesario. Al organizar el gobierno que va a ser administrado por hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: Usted debe primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados; y en segundo lugar, obligarlo a controlarse a sí mismo. Una dependencia en el pueblo es sin duda el control primario; pero la experiencia ha enseñado a la humanidad la necesidad de precauciones auxiliares”. Esas precauciones auxiliares definieron la creación del llamado Judicial Review, que surgió del caso Marbury vs. Madison en 1793 en el cual el juez Marshall decidió: …que una ley de la legislatura repugnante a la Constitución es nula. Es enfáticamente el ámbito y el deber del departamento judicial decir qué es la ley”.

Así se creo el sistema llamado Rule of Law que voy a insistir, de acuerdo con los Founding Fathers, que no es la democracia. Y por esa razón, Hamilton dijo: “Una peligrosa ambición a menudo yace bajo la especiosa máscara de los derechos del pueblo”. A partir de ese criterio igualmente insisto en que el sistema no es económico sino ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia. El llamado libre mercado es la consecuencia del respeto político de los derechos individuales.

Fuente: La Prensa