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Eutanasia y autonomía disminuida

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Diputados del Frente Amplio anunciaron la semana pasada la reactivación del proyecto en torno a la eutanasia que el diputado Vlado Mirosevic presentó el año 2014. Coronados por la apelación a la autonomía, el elenco de argumentos que oiremos no constituirá mayor sorpresa. Se nombrará la ausencia de daño a terceros y se enfatizará los resguardos para evitar la manipulación. Pero la pregunta es si con este elenco se logrará avanzar lo suficiente en el reconocimiento de la complejidad del problema.

Los aspectos que tendría que incluir una consideración detenida son numerosos. En lugar de la simple afirmación de ciertos derechos, debemos preguntarnos qué queda del carácter inalienable de algunos de ellos: la permisibilidad de la eutanasia parece fuerte en la afirmación de derechos, pero al mismo tiempo es débil en lo que a su carácter inalienable se refiere. Si puedo poner término a mi vida, ¿puedo enajenar también otros aspectos de ésta, como la misma libertad? Después de todo, quien puede lo más puede lo menos.

Preguntas no menos relevantes surgen respecto de la transformación en que se ve implicada la profesión médica. ¿Se logra preservar el carácter de agente moral del médico? ¿O se consuma aquí su transformación en un simple instrumento de la voluntad del cliente? ¿Queremos que la normalización del matar quede inscrita como parte de la descripción de una profesión? ¿Tendrá futuro una fuerte inversión en cuidados paliativos cuando se encuentra disponible una salida tanto más expedita?

Son más las preguntas, pero lo más llamativo es el modo ingenuo en que se apela a la autonomía para zanjar esta discusión, cuando hablamos ante todo de quienes se encuentran en condiciones de autonomía reducida. Que personas mayores o enfermas se perciban a sí mismas como una carga para la sociedad y para sus cercanos es un hecho común, pero suele ser al menos en parte neutralizado porque no eligieron ser carga. Simplemente les ha tocado, y a sus cercanos les toca llevarla. Ese estado de cosas cambia drásticamente si se introduce la eutanasia. Si el paciente tiene la opción de poner fin a este estado, y no lo hace, el peso de la prueba se traslada.

El funcionamiento de este mecanismo es bastante obvio, pero nos volvemos ciegos al mismo cuando nuestra imagen del ser humano es la de un joven ejecutivo firmando contratos. Una cultura formada a tal imagen cree que en todo momento puede haber límpida y repetida manifestación de la propia voluntad, y así se vuelve incapaz de tratar con dignidad a quienes no se encuentran en esa condición. Esto no es otorgar autonomía, sino ejercer presión precisamente sobre las personas cuya autonomía se encuentra debilitada.

Sorprendentemente, nuestra izquierda crítica del neoliberalismo se ha vuelto ciega a estas preguntas, y al modo en que la irrestricta soberanía individual termina afectando a los más vulnerables. Esto no es una opción por la libertad, sino una opción por un modelo cultural específico, con sus propios modos de normar y presionar. Es una cultura que puede no molestar a todos, pero lo honesto es que se presente a la discusión como el proyecto completo que es. Eso sí sería romper tabúes.

 

Fuente: http://www.latercera.com/opinion/noticia/eutanasia-autonomia-disminuida/144002/