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Libro “El octubre chileno, reflexiones sobre democracia y libertad”: un espacio de reflexión a la luz del primer aniversario del 18-0

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Por Francisco Marín Naritelli

“Es muy probable que una parte mayoritaria de la población prefiera una configuración institucional de tipo liberal igualitario, una que permita espacios de diferenciación y autonomía individual, al mismo tiempo que seguridades básicas, progreso igualitario y tratamiento horizontal, lo que muchas veces se traduce en espacios comunes donde el dinero no hace la diferencia”, Cristóbal Bellolio, entrevistado para esta reseña crítica. 

A pocos días de cumplirse el primer aniversario del estallido social, El octubre chileno, reflexiones sobre democracia y libertad (Ediciones Democracia y Libertad, 2020), libro editado por Benjamín Ugalde, Felipe Schwember y Valentina Verbal; y que cuenta con la participación de distintos académicos e intelectuales, ofrece una mirada interdisciplinaria en torno al 18-0, sus causas, su significado, sus implicaciones históricas, discusiones que cobran hondo sentido considerando la proximidad del Plebiscito constitucional.

Los editores, al respecto, declaran en la introducción: “Entendemos que es esencial realizar hoy más que nunca una defensa de los valores democráticos y pluralistas que dan fundamento a nuestro Estado de derecho y a nuestras instituciones políticas”.

El libro está dividido en cinco partes y aborda distintos enfoques de análisis en poco más de trescientas páginas: Antecedentes históricos y devenir político (Alfredo Jocelyn-Holt y Valentina Verbal), La disputa por la interpretación (Benjamín Ugalde, Francisca Dussaillant), Aproximaciones al problema de la violencia (Felipe Schwember, Luis Placencia), La psicología de la protesta y el derecho de reunión (José de la Cruz Garrido, José Miguel Aldunate), y Crisis, liberalismo e instituciones (Natalia González, Daniel Brieba y Cristóbal Bellolio, Carlos Newland y Emilio Ocampo).

En atención a la diversidad de opiniones, aristas, lineamientos, citas, realizaremos un breve recorrido informativo para abordar cada uno de los textos que componen este trabajo.

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Para Alfredo Jocelyn-Holt en su sardónico ensayo El camino al estallido (pasando por la Universidad y la Historia), el 18-0 no fue un fenómeno “imprevisto, espontáneo, sin aviso ni asidero previo”, sino que tiene sus antecedentes en las lógicas “violentistas” que se dan en las universidades (públicas, sobre todo), tesis que ha afirmado con ocasión del movimiento estudiantil del 2011, incluso desde 2009, con la toma de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. El autor pide focalizar el ojo “en los efectos” para analizar lo sucedido, más que en las “causas”. De ahí también la crítica a la existencia de una “gran teoría estructural” que explicaría lo ocurrido: 

“A terremotos sociales no se les responde con tsunamis teóricos de corte sociológico, legal, antropológico o cultural. No es recomendable. Y menos dándole la espalda a la historia que, digan lo que digan, sigue siendo una disciplina, una mirada, y sensibilidad, que bien vale atención, si aún queremos entender, no solo imponer eslóganes, clichés, emoticones de fácil divulgación, en suma, ideas a medias” (pág.- 37-38) 

Por su parte, Valentina Verbal en El hundimiento. La derecha chilena frente a la crisis de octubre, se interroga acerca de por qué el Gobierno y la derecha tendieron a interpretar la crisis como una expresión de malestar contra el modelo económico, a partir de la distinción entre el anticapitalismo hard y el anticapitalismo soft, que tiene como origen el cambio de ciclo político ocurrido desde 2011. Esto es, la coincidencia en la crítica anticapitalista “moralizante” de intelectuales tanto de izquierda como de derecha, cuya diferencia radicaría en la carencia de un proyecto alternativo (de sociedad, de modelo) por parte de estos últimos. Esto supondría, más profundamente, la carencia de un “principio ideológico global que sirva de faro” en la construcción de un relato o una narrativa propia. 

 “El presente ensayo se centra básicamente en las interpretaciones que representan el estallido como un rechazo masivo de la población hacia el modelo económico, y que, por lo mismo, lo que hacen es –con distintos grados de intensidad– construir una deslegitimación discursiva del libre mercado” (pág. 58). 

Ahora bien, Verbal plantea que la pregunta por esta carencia o “incapacidad”, más allá de los triunfos electorales, puede explicarse a través de tres indicios: 

“Estos indicios dan cuenta de la pésima comprensión intelectual que la mayoría de los dirigentes políticos de Chile Vamos ha poseído, y sigue poseyendo. Estos tres indicios son los siguientes: a) la derecha no conoce su historia; b) la derecha no entiende el sentido profundo de la libertad económica; y c) la derecha ha terminado creyendo que la desigualdad material (y no la pobreza) es el problema político par excellence” (pág. 69).

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Benjamín Ugalde en Análisis sociológico y discurso político. Algunos problemas epistemológicos en la comprensión del octubre chileno, aborda el problema de la relación entre los discursos políticos y los análisis propios de la sociología. El autor reconoce deficiencias epistemológicas que subyacen en los análisis e interpretaciones del 18-0, tomando en cuenta autores como Weber y Popper, y las implicancias negativas que tienen sobre la democracia, “en la medida en que estos análisis deficitarios no solo son reproducidos por los actores políticos directos, sino también por diversos participantes en la discusión pública, lo que deteriora los espacios de discusión racional”. 

“La crisis chilena que estalló en octubre del año 2019 ha sido un momento propicio para la proliferación de este tipo de explicaciones e interpretaciones. En general, cabe también denominar a estas interpretaciones como maximalistas o sustancialistas, en la medida en que no se conforman con una intelección limitada y acotada de los fenómenos sociales, sino que presentan una comprensión totalizante de ellos” (pág. 100).

“Un análisis de los fenómenos sociales que minusvalora o prescinde de las acciones de los individuos y, por tanto, de sus responsabilidades –y que a la vez se erige como discurso político de “reajuste” social– puede llegar a constituir un problema serio para la democracia, e incluso para la ética como la entendemos hasta hoy” (pág. 104). 

Por su parte, Francisca Dussaillant en ¿Chile frágil? Propuestas para reducir el riesgo de grandes crisis, analiza algunos problemas y dificultades en la comprensión de fenómenos impredecibles como la crisis de octubre (los así llamados “cisnes negros”), desde la obra de Nassim Taleb, especialista en sistemas complejos. Examina, asimismo, las consecuencias negativas que se producen durante el desarrollo de estos fenómenos, y cómo enfrentarlos o aminorarlos. 

“¿Dónde se gestan los cisnes negros? En lugares donde la intervención ´desde arriba´ es mayoritaria, como el caso de los estados grandes y centralizados. En estos ambientes las incomodidades y conflictos que vienen ´de abajo´, del nivel local, no tienen vía de solución y simplemente se acumulan hasta que estallan” (pág. 128).

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Felipe Schwember en ¿El eterno retorno de la violencia? Las injusticias históricas y el estallido de octubre, plantea que la que violencia desde el 18-0 no se explicaría desde la desigualdad producida por el modelo neoliberal, sino por la repitencia de ciertas injusticias a lo largo de la historia (injusticias, según el autor, “abstractas”, siguiendo a Hegel, lo que no permitiría restablecer la justicia). Esto explicaría, además, el ejercicio o justificación de la violencia con ciertos símbolos o figuras de la historia de Chile para ser reemplazados “con otros símbolos que son lo otro del Estado ´oficial´”.

“No es una violencia causada por –y dirigida contra– el modelo ´neoliberal´, o no al menos únicamente. Es, creo, una violencia que se alimenta de la representación de injusticias históricas (reales o imaginarias) o, más bien, de una cierta concepción de la historia de Chile, a la que se añade luego el capítulo del ´neoliberalismo´. En ese sentido, es una violencia que se inspira en un repudio a la historia de Chile en su conjunto” (pág. 140). 

Luis Placencia en Violencia, acontecimiento y abstracción. Reflexiones sobre lo que ocurrió, se detiene en diferentes dimensiones de la violencia, la lógica de las acusaciones cruzadas, las simplificaciones, las medias verdades, la falta de razones, cuyo fin es un camino de entendimiento futuro, de reconocimiento mutuo, dado que no entender la violencia implicaría perpetuarla. 

“Estos pensamientos contienen, obviamente, conjeturas que pueden ser vistas como propuestas. No buscan desentrañar lo que ocurrió, sino más bien pensar qué podemos hacer con ello, sea lo que esto sea. La acción, y aquí se trata de asuntos que pertenecen a su esfera, siempre mira hacia al futuro” (pág. 170).

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José de la Cruz Garrido en Opinión pública, creencias políticas y la psicología moral del malestar en la rebelión de octubre, desentraña las elementos psicológicos y cognitivos que subyacen a la protesta social, apoyado en autores como David Hume y Adam Smith. El ensayo aborda la (des)obediencia política y su conexión con las redes sociales, entendiendo “la psicología moral de una generación que es nativa en el uso de tecnologías de la comunicación y a las prácticas asociadas a ese uso”. Eso sumado a la desconexión entre las élites y el resto de la población, y la deslegitimación del orden público. 

“El modelo de desarrollo chileno, y la élite política que lo ha liderado, ha subestimado el malestar de una clase ignorada, invisibilizada. Su malestar, que obedece, en parte, a malas políticas y servicios públicos, y no al sistema económico en sí mismo, es tierra fértil para la proliferación de grupos sectarios” (pág. 203). 

José Miguel Aldunate en Protestas, violencia y orden público, centra su atención en el derecho de reunión a la luz de la violencia, el orden público y el respecto por los derechos humanos. ¿Cuáles son los límites entre el uso legítimo e ilegítimo de la violencia estatal? ¿Se debería normar el derecho a la protesta?, son preguntas atingentes, considerando la situación del país después del 18-0. 

“El ordenamiento jurídico debe permitir que coexistan las garantías y libertades con la represión de los hechos violentos, sin menoscabar los primeros en la consecución de lo segundo” (pág. 211).

“Es claro que el respeto irrestricto de los derechos humanos constituye un límite infranqueable por parte del Estado en la consecución de sus fines, incluyendo la conservación del orden público. Más aún, esta conservación constituye una finalidad estatal, precisamente, porque es una condición indispensable para asegurar la indemnidad de los derechos de las personas” (pág. 225). 

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Natalia González en El rol del Congreso Nacional antes y después del estallido del 18 de octubre de 2019. Crónica de un maximalismo anunciado, analiza el papel del Congreso Nacional y el deterioro que, a su juicio, ha tenido el proceso legislativo desde el gobierno de la Nueva Mayoría. Plantea una crítica a la forma de hacer política, cuya naturaleza “cortoplacista, maximalista y de trinchera” ha llevado a un verdadero “populismo legislativo”, profundizándose a partir del 18-0.

“Y es que, desde el estallido de violencia del 18-O, el parlamento se convirtió en una suerte de anfitrión y promotor de un espectáculo legislativo que tuvo como protagonistas la impaciencia, el infantilismo, la relativización del marco jurídico y la institucionalidad vigente, la intolerancia y el oportunismo más extremo” (pág. 253). 

Daniel Brieba y Cristóbal Bellolio en No Country for Liberals? El estallido social chileno: una interpretación rawlsiana, problematizan la situación de legitimidad en el contexto de la crisis chilena, distinguiendo cuatro formas básicas de liberalismo: libertario, utilitarista, clásico e igualitario. Esta última, en su modalidad, rawlsiana, sería la que mejor interpretaría las demandas sociales y políticas tras el 18-0. Frente a la crisis que vive el país, el liberalismo igualitario ofrecería dignidad relacional, o sea, “las condiciones sociales que permiten a cada ciudadano desarrollar un cierto grado de autoestima o percepción del valor propio”, lejos de jerarquías y estatus, que son precisamente resabios estamentales.  

“Creemos que la protesta social chilena, a pesar de haberse narrado como un rechazo al modelo de ´crecimiento con igualdad´ que caracterizó estos últimos treinta años, puede, no obstante, ser interpretada en clave rawlsiana. En ese sentido, ella no implica per se un rechazo de la cultura pública chilena a los principios del liberalismo igualitario” (pág. 260). 

Por último, Carlos Newland y Emilio Ocampo en La crisis chilena de 2019 desde una perspectiva argentina, se refieren a los acontecimientos del 18-O desde un análisis comparado del modelo económico chileno y la experiencia argentina. Según los autores, en Chile existe una brecha producida por dos divergencias: la primera entre el desarrollo económico y el desarrollo institucional y político; y la segunda respecto a la incongruencia que existe entre el sistema económico basado en una economía de mercado y la mentalidad anticapitalista predominante.

“La falta de identificación de la mentalidad predominante con instituciones económicas asociadas al libre mercado tiene que ver con la forma en que aquellas fueron implementadas. La liberalización de la economía no estaba en la plataforma de un partido elegido democráticamente, sino que fue impuesta por un gobierno militar” (pág. 293). 

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Cristóbal Bellolio, consultado para esta reseña crítica sobre la importancia de analizar las causas del estallido del 18-0 desde otras propuestas teóricas (a saber: desde el liberalismo igualitario en su caso), cree que aún existen varias hipótesis en competencia para explicar el 18-0, varias de ellas complementarias. “No descartaría tan fácilmente la de Peña e incluiría la dimensión política que Juan Pablo Luna viene reportando hace rato. Yo mismo propongo en otro artículo la interpretación del estallido social como un momento populista en tanto se configura como la concatenación de múltiples dolores que se le impugnan a la élite como causante. Específicamente, la nuestra con Daniel en el libro se concentra en un tipo de desigualdad inmaterial, que la teoría política liberal llama desigualdad relacional. Desde la sociología, es una tesis que Kathya Araujo ha trabajado bastante, como una promesa fallida de democratización de las relaciones sociales. En teoría, la solución de esos problemas requiere de un tipo de conciencia cívica, una ética de ciudadanía en un sentido habermasiano: la voluntad de no excluir al otro de la conversación”.  

Sobre las posibilidades que tiene un liberalismo igualitario en un contexto de polarización, y pensando, claro está, en el Plebiscito constitucional próximo, y lo que viene si es que gana la Convención Constitucional, Bellolio asegura que “es muy probable que una parte mayoritaria de la población prefiera una configuración institucional de tipo liberal igualitario, una que permita espacios de diferenciación y autonomía individual, al mismo tiempo que seguridades básicas, progreso igualitario y tratamiento horizontal, lo que muchas veces se traduce en espacios comunes donde el dinero no hace la diferencia”. 

Respecto a la discusión constitucional, el también docente de la Universidad Adolfo Ibáñez afirma que “el liberalismo igualitario se traduce en principios e instituciones que aseguren libertades individuales negativas y limiten el poder político, pero al mismo tiempo promocionen una serie de libertades positivas que podríamos interpretar como derechos sociales, todo esto manifestando una suerte de neutralidad estatal respecto de los distintos estilos de vida que contiene una sociedad pluralista. Me da la impresión de que ese ideal, por abstracto y general que sea, encuentra muchos apoyos en la cultura política chilena”. 

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Más allá de la postura que puedan tomar las y los lectores ante este libro, se valora la discusión de ideas, la reflexión, la exposición de argumentos que permiten entregar nuevos insumos teóricos que dialogan críticamente con autores y libros de otras veredas ideológicas. Tarea siempre necesaria cuando se trata de pensar el país, a propósito del 18-0 y sus causas como un territorio todavía en disputa; y las urgentes discusiones políticas, sociales, económicas y constitucionales, que vendrán en el corto, mediano y largo plazo.

Benjamín Ugalde, Felipe Schwember y Valentina Verbal, editores. El octubre chileno, reflexiones sobre democracia y libertad. Ediciones Democracia y Libertad, 2020. 304 páginas.