Por: Manuel Lobos Infante – Director Fundación Balmaceda
Después del paquete de medidas que anunció el presidente el pasado lunes y que todas venían con letra chica, no han cesado las manifestaciones ciudadanas y menos los actos vandálicos.
El 22 de octubre el presidente pidió perdón al país y anunció medidas para intentar frenar la crisis desatada cinco días antes y que tuvo a 15 de las 16 regiones del país con los militares en la calle controlando el estado de emergencia y el toque de queda.
La “agenda social” propuesta por el presidente Piñera para algunos iba en la línea correcta para otros fue un avance, pero para la gran mayoría de los chilenos que han salido a protestar pacíficamente y han hecho sonar sus cacerolas, estas medias son un conjunto de anuncios que en nada consideran las reformas estructurales que el país hoy día demanda.
Aunque suena a teoría conspirativa, los desórdenes y daños a la propiedad pública y privada siguen más vivos que nunca, ellos no se agotan. ¿A quién le conviene esta inagotable violencia? ¿Quién puede verse beneficiado por estos actos vandálicos. ¿Por qué la policía no tiene hasta ahora responsables? ¿Cuándo carabineros actuará con la inteligencia que los ciudadanos esperamos para que cumpla con su finalidad que es “garantizar, mantener el orden público y la seguridad pública interior en todo el territorio de la República” y los ciudadanos que pagamos nuestros impuestos podamos manifestarnos pacíficamente como un derecho humano?
Y continúan los llamados a manifestaciones y marchas pacíficas y por otro lado continúan los destrozos de unos pocos que opacan el gran valor de una movilización libre.
Para algunos la solución a todos los problemas de Chile se resuelve con la frase “que renuncie Piñera” para otros resulta lógico “que se vayan todos los partidos políticos” y hay varios que vociferan “el pueblo debe tomarse el poder”. El país está por ahora en un trance. Es normal que cuando se convoca a marchas todos los días de una u otra manera hay un desgaste, se pierde el interés y la convocatoria grafica el agotamiento.
En este escenario, donde aún no todo funciona con normalidad, surgen los ofertones de última hora y los irresponsables y oportunistas de siempre, no escatiman esfuerzos en anunciar acusaciones constitucionales y propuestas tan vacías como Asamblea Constituyente que no llegarán a ningún lado, como si todo se arreglara por arte de magia cambiando la Constitución.
La demagogia
Hay mucha falta de seriedad y demagogia en estas propuestas. Distinto sería si se hiciera dentro de un esquema y un plan institucional que incluya a todos los partidos políticos en un momento que el país requiere más unidad que nunca.
Es irresponsable pedir una nueva Constitución sacada del sombrero con aire demagogo. No esa no es la solución. Es mucho mas complejo. Veamos si esta salida institucional tiene sentido.
El país esta en una crisis muy seria, quizás peor que un terremoto social y quien crea que esto ya está superado y el país normalizado está muy equivocado.
Si la autoridad no asume un compromiso serio de realizar reformas estructurales reales y no arreglos cosméticos como los ya anunciados, es que no ha comprendido nada.
La rabia
Los ciudadanos de Chile están enojados y están esperando una respuesta mas contundente, si no hay una respuesta satisfactoria la crisis puede empeorar y puede acarrear consecuencias impensables.
Es evidente que la institucionalidad política esta totalmente superada y desprestigiada, y por otra parte sabemos que el estallido social hoy por hoy no tiene una cabeza visible, no hay liderazgo visible, no hay con quien interlocutor, no existe instancia alguna que puede permitir establecer al menos un cronograma de acciones para poder pensar en como solucionamos la crisis social de Chile.
El actual escenario es el peor de todos porque estamos expuestos a que cualquier momento esto vuelva a estallar y con mas potencia y con consecuencias tan inciertas y mas graves como las que nos sorprendieron ese fin de semana del 18 de octubre de furia.
Los cabildos
Los cabildos que surgieron de manera espontanea son una tremenda alternativa ideada por los ciudadanos que creen en la democracia, pero no nos engañemos, esa energía de la sociedad que espontáneamente se canalizó en estas instancias puede a la larga resultar una farsa más para los chilenos de buenas intenciones.
El origen espontaneo de esos cabildos tiene gran valor y luego, dada la repercusión que tuvo en muchos lugares del país, fueron considerados oportunamente por el gobierno para de alguna manera persuadir a los mas confiados. Y digo que el gobierno es oportunista porque, hoy por hoy, no existe ninguna formalidad por parte de la autoridad para que lo que en los cabildos se discuta puede tener un destino efectivo, es todo informal, es todo de hecho, no existe nada que involucre a la autoridad con los ciudadanos que es la señal que mas demandan los chilenos.
Una vez más el gobierno se subió al carro de la victoria, pero se subió mal porque los cabildos se pueden transformar en otra olla a presión con graves consecuencias.
Como siempre los gobiernos han sido tan poco creativos y han reaccionado cuando las crisis le explotan en la cara. Hoy nuevamente como es costumbre copiaron una idea y la copiaron mal.
No olvidemos las falsas expectativas que generó y defraudó a muchos ciudadanos con las promesas de los cabildos propuestos por la presidenta Bachelet y a la par por el presidente Lagos el año 2016 (www.tuconstitucion.cl) que terminaron en un informe que pasó sin pena ni gloria, y que generó una vez más, que los ciudadanos no le crean a los políticos al sentirse utilizados una vez mas por estos. Por cierto son ideas que están ahí y perfectamente se podrían reflotar.
Los cabildos de Macron o bien sea dicho “el debate nacional” como respuesta a la crisis de los chalecos amarillos en Francia si fue una respuesta institucional para una crisis que estuvo a punto de sacar al presidente de su cargo y que terminó con diez personas muertas y que en dos meses ya tenía una receta institucional.
Pero fue totalmente distinto e institucional. El presidente Macron le habló directamente a 21 millones de franceses y apostó por un trato conciliador y en una carta abierta enfocó las demandas ciudadanas en cuatro grandes temas. Una crisis que se inició trece meses atrás en Francia y de la cual tenemos que aprender.
La oportunidad institucional
Aprovechando que hasta la presidenta de la UDI (partido de derecha) declara que “la gente quiere tener los beneficios que hoy han sacado al país, quieren participar de los beneficios del sistema“ y además, que todos los dirigentes políticos han hecho un mea culpa, es hora de dar una salida institucional que involucre a todos los sectores políticos sin condición alguna. Hoy necesitamos que todos estemos unidos y que cada uno ceda en pos de cuidar la institucionalidad y volver a Chile un país que funcione, pero sin soluciones parche.
El presidente Piñera debe hacer un pacto político y social; el mandatario debe pronunciar un discurso al país en una puesta en escena con todos los partidos políticos y representantes de la sociedad civil detrás y donde se comprometa a superar esta crisis con una propuesta de tres medidas a corto, mediano y largo plazo.
En el corto plazo
Al estilo de Macron, el presidente Piñera debe hacer un compromiso con la ciudadanía, el mandatario Galo lo hizo en un mensaje a la nación y hubo 21 millones de franceses que lo escucharon. El presidente de a Chile debe hacer ese gesto y promover los cabildos bajo tres pilares, educación, pensiones y salud, dar un plazo de tres meses para obtener los resultados y comprometerse a que una vez recibidas estas propuestas en un plazo de un mes aprobar las leyes necesarias para dar solución a esas demandas inmediatas de los ciudadanos. En marzo los chilenos debieran tener sus demandas inmediatas y básicas satisfechas como resultado de un proceso participativo donde ellos fueron los protagonistas.
En el mediano plazo
El próximo 25 de octubre de 2020 las elecciones municipales tendrán un sabor muy especial. Habrá muchas opciones de rostros nuevos y los alicaídos partidos políticos probablemente serán los más perjudicados.
Pero esa elección será la oportunidad para que Piñera eche a andar la segunda parte de su diseño institucional ahora a mediano plazo. En la elección de Alcaldes, Concejales y Gobernadores, debiera haber una cuarta urna que preguntará si queremos o no una nueva Constitución. Es la manera institucional y mas democrática de preguntarle a los ciudadanos si quieren convivir con la misma constitución que los ha castigado estos últimos casi 40 años.
En el largo plazo
Una vez concluida la consulta de una nueva Constitución, en el caso de ser esa la opción ganadora, el presidente debe diseñar un calendario para elegir al año siguiente a los representantes para redactar la nueva carta fundamental. Así ya para 2022 se elige a los representantes y a partir de 2023 y hasta 2025 se concluye el trabajo de la nueva constitución que deberá ser plebiscitada en el mismo momento de elegir al Presidente de la República y los miembros del Congreso.
Si el presidente, todos los partidos políticos y las organizaciones sociales y profesionales somos capaces de hacer un acto de generosidad y adherir a un pacto “político y social nacional” que nos de la posibilidad de una salida institucional participativa y democrática estaremos dejando la puerta abierta a un estallido social aún mas grave que el del pasado 18 de octubre de furia.