{"id":654,"date":"2017-03-19T23:29:29","date_gmt":"2017-03-20T02:29:29","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=654"},"modified":"2017-03-19T23:29:29","modified_gmt":"2017-03-20T02:29:29","slug":"lee-liberal-la-rebelion-de-las-masas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=654","title":{"rendered":"Lee Liberal: La rebelion de las masas"},"content":{"rendered":"<p>Hace cincuenta a\u00f1os falleci\u00f3 en Espa\u00f1a don Jos\u00e9 Ortega y Gasset, y hace 75 se public\u00f3 <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> (1930), uno de sus libros m\u00e1s importantes, acaso el que se ley\u00f3 y tradujo m\u00e1s en todo el mundo. Dos aniversarios que deber\u00edan servir para revalorizar el pensamiento de uno de los m\u00e1s elegantes e inteligentes fil\u00f3sofos liberales del siglo xx, al que circunstancias varias \u2013la Guerra Civil en Espa\u00f1a, los cuarenta a\u00f1os de dictadura franquista y el auge de las doctrinas marxistas y revolucionarias que caracteriz\u00f3 a Europa en la segunda mitad del siglo xx\u2013 han tenido arrumbado injustamente en el desv\u00e1n de las antiguallas, o, peor a\u00fan, han desnaturalizado, convirti\u00e9ndolo en un exclusivo referente del pensamiento conservador. Y entre el liberalismo y el conservadurismo, como mostr\u00f3 Hayek en un ensayo c\u00e9lebre, media un abismo.1<\/p>\n<p>En verdad, aunque nunca lleg\u00f3 a sistematizar su filosof\u00eda en un cuerpo org\u00e1nico de ideas, Ortega y Gasset, en los innumerables ensayos, art\u00edculos, conferencias y notas de su vasta obra, desarroll\u00f3 un discurso inequ\u00edvocamente liberal, en un medio como el espa\u00f1ol, en el que este resultaba extraordinariamente avanzado \u2013\u00e9l hubiera dicho radical, una de sus palabras favoritas\u2013, tan cr\u00edtico del extremismo dogm\u00e1tico de izquierda como del conservadurismo autoritario, nacionalista y cat\u00f3lico de la derecha. Buena parte de ese pensamiento conserva su vigencia y alcanza en nuestros d\u00edas, luego de la bancarrota del marxismo y sus doctrinas parasitarias y del excesivo economicismo en que se ha confinado \u00faltimamente el liberalismo intelectual, notable actualidad.<\/p>\n<p>Lo demuestra, mejor que nada <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i>, que, aunque publicado en 1930, hab\u00eda sido ya anticipado en art\u00edculos y ensayos desde dos o tres a\u00f1os antes. El libro se estructura alrededor de una intuici\u00f3n genial: ha terminado la primac\u00eda de las elites; las masas, liberadas de la sujeci\u00f3n de aqu\u00e9llas, han irrumpido en la vida de manera determinante, provocando un trastorno profundo de los valores c\u00edvicos y culturales y de las maneras de comportamiento social. Escrito en plena ascensi\u00f3n del comunismo y los fascismos, del sindicalismo y los nacionalismos, y de los primeros brotes de una cultura popular de consumo masivo, la intuici\u00f3n de Ortega es exacta y establece uno de los rasgos claves de la vida moderna.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lo es que su cr\u00edtica a este fen\u00f3meno se apoye en la defensa del individuo, cuya soberan\u00eda ve amenazada \u2013en muchos sentidos ya arrasada\u2013 por esta irrupci\u00f3n incontenible de la muchedumbre \u2013de lo colectivo\u2013 en la vida contempor\u00e1nea. El concepto de \u201cmasa\u201d para Ortega no coincide para nada con el de clase social y se opone espec\u00edficamente a la definici\u00f3n que hace de aqu\u00e9lla el marxismo. La \u201cmasa\u201d a que Ortega se refiere abraza transversalmente a hombres y mujeres de distintas clases sociales, igual\u00e1ndolos en un ser colectivo en el que se han fundido, abdicando de su individualidad soberana para adquirir la de la colectividad, para ser nada m\u00e1s que una \u201cparte de la tribu\u201d. La masa, en el libro de Ortega, es un conjunto de individuos que se han desindividualizado, dejado de ser unidades humanas libres y pensantes, para disolverse en una colectividad que piensa y act\u00faa por ellos, m\u00e1s por reflejos condicionados \u2013emociones, instintos, pasiones\u2013 que por razones. Estas masas son las que por aquellos a\u00f1os ya coagulaba en torno suyo en Italia Benito Mussolini, y se arremolinar\u00edan cada vez m\u00e1s en los a\u00f1os siguientes en Alemania en torno a Hitler, o, en Rusia, para venerar a Stalin, el \u201cpadrecito de los pueblos\u201d. El comunismo y el fascismo, dice Ortega, \u201cdos claros ejemplos de regresi\u00f3n sustancial\u201d, son ejemplos t\u00edpicos de la conversi\u00f3n del individuo en el hombre-masa. Pero Ortega y Gasset no incluye dentro del fen\u00f3meno de masificaci\u00f3n \u00fanicamente a esas muchedumbres regimentadas y cristalizadas en torno a las figuras de los caudillos y jefes m\u00e1ximos, es decir, en los reg\u00edmenes totalitarios. Seg\u00fan \u00e9l, la masa es tambi\u00e9n una realidad nueva en las democracias donde el individuo tiende cada vez m\u00e1s a ser absorbido por conjuntos gregarios a quienes corresponde ahora el protagonismo de la vida p\u00fablica, un fen\u00f3meno en el que ve un retorno del primitivismo y de ciertas formas de barbarie disimuladas bajo el atuendo de la modernidad.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n de la hegemon\u00eda creciente del colectivismo en la vida de las naciones es la de un pensador liberal que ve en la desaparici\u00f3n del individuo dentro de lo gregario un retroceso hist\u00f3rico y una amenaza grav\u00edsima para la civilizaci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>El libro es tambi\u00e9n una defensa precoz y sorprendente \u2013en v\u00edsperas de la Segunda Guerra Mundial\u2013 de una Europa unida en la que las naciones del viejo continente, sin perder del todo sus tradiciones y sus culturas, se fundir\u00e1n en una comunidad: \u201cEuropa ser\u00e1 la ultranaci\u00f3n.\u201d Solo en esta uni\u00f3n ve Ortega una posibilidad de salvaci\u00f3n para una Europa que ha perdido la hegemon\u00eda hist\u00f3rica de que gozaba en el pasado \u2013que ha entrado en decadencia\u2013 en tanto que, a sus costados, Rusia y los Estados Unidos parecen empe\u00f1ados en tomar la delantera. Esta propuesta audaz de Ortega en favor de una Uni\u00f3n Europea que solo medio siglo m\u00e1s tarde comenzar\u00eda a tomar forma es uno de los m\u00e1s admirables aciertos del libro y una prueba de la lucidez visionaria de que hizo gala a veces su autor.<\/p>\n<p>El ensayo tambi\u00e9n postula otro principio liberal acendrado: parte de la declinaci\u00f3n de Europa se debe al crecimiento desmesurado del Estado, que, en sus asfixiantes mallas burocr\u00e1ticas e intervencionistas, ha \u201cyugulado\u201d las iniciativas y la creatividad de los ciudadanos.<\/p>\n<p>Con buen olfato, Ortega se\u00f1ala que uno de los efectos, en el campo de la cultura, de esta irrupci\u00f3n de las masas en la vida pol\u00edtica y social ser\u00e1 el abaratamiento y la vulgarizaci\u00f3n; en otras palabras, la sustituci\u00f3n del producto art\u00edstico genuino por su caricatura o versi\u00f3n estereotipada y mec\u00e1nica, y por una marejada de mal gusto, chabacaner\u00eda y estupidez. Ortega era elitista en lo relativo a la cultura, pero este elitismo no estaba re\u00f1ido con sus convicciones democr\u00e1ticas, pues concern\u00eda a la creaci\u00f3n de productos culturales y a su colocaci\u00f3n en una exigente tabla de valores; en lo que se refiere a la difusi\u00f3n y consumo de los productos culturales, su postura era universalista y democr\u00e1tica: la cultura deb\u00eda estar al alcance de todo el mundo. Simplemente, Ortega entend\u00eda que los patrones est\u00e9ticos e intelectuales de la vida cultural deb\u00edan fijarlos los grandes artistas y los mejores pensadores, aquellos que hab\u00edan renovado la tradici\u00f3n y sentado los nuevos modelos y formas, introduciendo una nueva manera de entender la vida y su representaci\u00f3n art\u00edstica. Y que, si no era as\u00ed, y los referentes est\u00e9ticos e intelectuales para el conjunto de la sociedad los establec\u00eda el gusto promedio de la masa \u2013el hombre vulgar\u2013, el resultado ser\u00eda un empobrecimiento brutal de la vida cultural y poco menos que la asfixia de la creatividad. El elitismo cultural de Ortega es inseparable de su cosmopolitismo, de su convicci\u00f3n de que la verdadera cultura no tiene fronteras regionales y menos nacionales, sino que es un patrimonio universal. Por eso, su pensamiento es profundamente antinacionalista.<\/p>\n<p>En su defensa del liberalismo, Ortega insiste en el car\u00e1cter laico que debe tener el Estado en una sociedad democr\u00e1tica \u2013\u201cLa historia es la realidad del hombre. No tiene otra.\u201d<br \/>\n(p. 54)\u20132 y la incompatibilidad profunda que existe entre un pensamiento liberal y el de un cat\u00f3lico dogm\u00e1tico, al que califica de antimoderno (p. 153). La historia no est\u00e1 escrita, no la ha trazado de antemano una divinidad todopoderosa. Es obra solo humana y por eso \u201c\u2026 todo es posible en la historia \u2013lo mismo el progreso triunfal e indefinido que la peri\u00f3dica regresi\u00f3n\u201d (pp. 131-132).<\/p>\n<p>Lo menos que puede decirse, frente a tesis y afirmaciones de esta \u00edndole, es que Ortega y Gasset dio muestras en este ensayo de una gran independencia de esp\u00edritu y de s\u00f3lidas convicciones capaces de resistir las presiones intelectuales y pol\u00edticas dominantes de su tiempo. Eran, no lo olvidemos, unos tiempos en que la clase intelectual descre\u00eda cada vez m\u00e1s de la democracia, que era denostada por igual por los dos extremos, la derecha fascista y la izquierda comunista, y ced\u00eda a menudo a la tentaci\u00f3n de afiliarse a uno de estos dos bandos, con una preferencia marcada por el comunismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u25a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, el liberalismo de Ortega y Gasset, aunque genuino, es parcial. La defensa del individuo y sus derechos soberanos, de un Estado peque\u00f1o y laico que estimule \u2013en vez de ahogar\u2013 la libertad individual, de la pluralidad de opiniones y cr\u00edticas, no va acompa\u00f1ada con la defensa de la libertad econ\u00f3mica, del mercado libre, un aspecto de la vida social por el que Ortega siente una desconfianza que se parece al desd\u00e9n, y sobre el cual muestra a veces un desconocimiento sorprendente en un intelectual tan curioso y abierto a todas las disciplinas. Se trata, sin duda, de una limitaci\u00f3n generacional. Sin excepci\u00f3n, al igual que los liberales latinoamericanos de su tiempo, los liberales espa\u00f1oles m\u00e1s o menos contempor\u00e1neos de Ortega, como Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala y Gregorio Mara\u00f1\u00f3n (con quienes Ortega fundar\u00eda la Agrupaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica en 1930), lo fueron en el sentido pol\u00edtico, \u00e9tico, c\u00edvico y cultural, pero no en el econ\u00f3mico. Su defensa de la sociedad civil, de la democracia y de la libertad pol\u00edtica, ignor\u00f3 una pieza clave de la doctrina liberal: que sin libertad econ\u00f3mica y sin una garant\u00eda legal firme de la propiedad privada y de los contratos, la democracia pol\u00edtica y las libertades p\u00fablicas est\u00e1n siempre mediatizadas y amenazadas. Pese a ser un librepensador, que se apart\u00f3 de la formaci\u00f3n cat\u00f3lica que recibi\u00f3 en un colegio y una universidad de jesuitas, hubo siempre en Ortega unas reminiscencias del desprecio o por lo menos de la inveterada desconfianza de la moral cat\u00f3lica hacia el dinero, los negocios, el \u00e9xito econ\u00f3mico y el capitalismo, como si en esta dimensi\u00f3n del quehacer social se reflejara el aspecto m\u00e1s bajamente materialista del animal humano, re\u00f1ido con su vertiente espiritual e intelectual. De ah\u00ed, sin duda, las despectivas alusiones que se encuentran desperdigadas en <i>La rebeli\u00f3n&#8230; <\/i>a los Estados Unidos, \u201cel para\u00edso de las masas\u201d (p. 164), al que Ortega juzga, con cierta superioridad cultural, como un pa\u00eds que, creciendo tan r\u00e1pido en t\u00e9rminos cuantitativos como lo ha hecho, hab\u00eda sacrificado sus \u201ccualidades\u201d, creando una cultura superficial. De lo que deriva uno de los escasos desprop\u00f3sitos del libro: la afirmaci\u00f3n de que los Estados Unidos eran incapaces por s\u00ed solos de desarrollar la ciencia como lo ha hecho Europa. Una ciencia que ahora, por el ascenso de los hombres-masa, Ortega ve en peligro de declinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este es uno de los aspectos m\u00e1s endebles del pensamiento que Ortega desarrolla en <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i>. Una de las consecuencias de la primac\u00eda del hombre-masa en la vida de las naciones es, dice, el desinter\u00e9s de la sociedad aquejada de primitivismo y de vulgaridad por los principios generales de la cultura, es decir, por las bases mismas de la civilizaci\u00f3n. En la era del apogeo de lo gregario, la ciencia pasa a un segundo lugar, y la atenci\u00f3n de las masas se concentra en la t\u00e9cnica, en las maravillas y prodigios que realiza este subproducto de la ciencia, pues, sin esta, ni el lujoso autom\u00f3vil de l\u00edneas aerodin\u00e1micas ni los analg\u00e9sicos que quitan el dolor de cabeza ser\u00edan posibles. Ortega compara la deificaci\u00f3n del producto de consumo fabricado por la t\u00e9cnica con el deslumbramiento del primitivo de una aldea africana con los objetos de la industria m\u00e1s moderna, en los que ve, igual que en las frutas o los animales, meros engendros de la naturaleza. Para que haya ciencia, dice Ortega, tiene que haber civilizaci\u00f3n, un largo desenvolvimiento hist\u00f3rico que la haga posible. Y, por eso, imagina que, por m\u00e1s poderoso que sea, Estados Unidos no podr\u00e1 nunca superar aquel estadio de mera tecnolog\u00eda que ha alcanzado: \u201c\u00a1Lucido va quien crea que si Europa desapareciese podr\u00edan los norteamericanos <i>continuar<\/i> la ciencia!\u201d Se trata de una de las predicciones fallidas en un libro repleto de profec\u00edas cumplidas.<\/p>\n<p>En <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> Ortega critica el nacionalismo como un t\u00edpico fen\u00f3meno de esa hegemon\u00eda creciente de lo colectivo o gregario sobre lo individual. Rechaza como mito la idea de que una naci\u00f3n se constituye sobre la comunidad de raza, religi\u00f3n o lengua, y se inclina m\u00e1s bien por la tesis de Renan de una naci\u00f3n como \u201cun plebiscito cotidiano\u201d en el que sus miembros reafirman cada d\u00eda, con sus conductas y apego a las leyes e instituciones, la voluntad de constituir una \u201cunidad de destino\u201d (esta \u00faltima f\u00f3rmula es de Ortega). Esta idea de naci\u00f3n es flexible, moderna y compatible con la idea suya de que, pronto, Europa terminar\u00e1 constituyendo una unidad supranacional en la que las naciones europeas se unir\u00e1n en una pluralidad solidaria, algo que parec\u00eda una fantas\u00eda ut\u00f3pica en aquel contexto de nacionalismos beligerantes que, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, iban a precipitar a Europa en la carnicer\u00eda de la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>El <i>Ep\u00edlogo para ingleses<\/i>, cr\u00edtica del pacifismo, est\u00e1 escrito siete a\u00f1os despu\u00e9s de la primera edici\u00f3n de <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i>, en 1937, es decir, en plena Guerra Civil espa\u00f1ola. Contiene una cr\u00edtica a las versiones estereotipadas que, en los pa\u00edses extranjeros, se suele dar de lo que ocurre en el seno de una sociedad. Ortega pone como ejemplo el caso de los intelectuales ingleses que, \u201cc\u00f3modamente sentados en sus despachos o en sus clubs\u201d, firman manifiestos donde se dice que son \u201clos defensores de la libertad\u201d; los comunistas que, en Espa\u00f1a, coaccionan a escritores a firmar manifiestos o a hablar por radio de una manera que conviene a sus intereses. De todo ello deduce que la opini\u00f3n p\u00fablica extranjera constituir\u00eda en ciertos casos una \u201cintervenci\u00f3n guerrera\u201d en los asuntos internos de un pa\u00eds porque puede tener efectos \u201cqu\u00edmicos\u201d (letales) en su devenir. La tesis no se sostiene, desde luego: si la acept\u00e1ramos, equivaldr\u00eda a justificar la supresi\u00f3n de la libertad de expresi\u00f3n y de opini\u00f3n con el argumento de la seguridad nacional. Ella desconoce que, en el caso de cualquier dictadura, lo habitual es que en el extranjero se conozca mejor lo que ocurre que adentro; porque la censura impide a los que la padecen tener conciencia cabal de la situaci\u00f3n que viven.<\/p>\n<p>En verdad esta afirmaci\u00f3n peregrina refleja el malestar y el desgarramiento con que Ortega vivi\u00f3 una guerra civil en la que, a su juicio, la intelectualidad europea embelleci\u00f3 a la Rep\u00fablica por razones ideol\u00f3gicas, sin tomar en cuenta los atropellos y excesos antidemocr\u00e1ticos que tambi\u00e9n se hab\u00edan cometido en su seno. Por eso, Ortega no pod\u00eda ni quer\u00eda tomar partido por uno de los bandos hostiles, sobre todo desde que lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la pugna no era tanto entre la rep\u00fablica democr\u00e1tica y el fascismo, sino entre este y los comunistas, alternativa que Ortega rechazaba por igual. Sin embargo, es verdad que, sin hacerlo p\u00fablico, a trav\u00e9s de su correspondencia y testimonios de gente pr\u00f3xima a \u00e9l, parece evidente que Ortega lleg\u00f3 a creer en un momento dado que Franco y los \u201cnacionales\u201d representaban el mal menor. Fue un error que le ser\u00eda reprochado de manera inmisericorde por la posteridad, y que contribuir\u00eda a alejar su obra de los sectores intelectuales llamados progresistas. En verdad, no hay mal menor cuando se trata de elegir entre dos totalitarismos \u2013es como elegir entre el sida y el c\u00e1ncer terminal\u2013 y esto es algo que el propio Ortega tuvo ocasi\u00f3n de comprobar cuando regres\u00f3 a Espa\u00f1a, en 1945, al t\u00e9rmino de la Segunda Guerra Mundial, creyendo que, luego del triunfo de los aliados contra el fascismo, ser\u00eda posible hacer algo por la democratizaci\u00f3n de su pa\u00eds desde dentro. En verdad, no pudo hacer gran cosa, salvo vivir en una situaci\u00f3n de exiliado interior, poco menos que en un limbo, sin recuperar su c\u00e1tedra universitaria, vigilado de cerca y al mismo tiempo con el riesgo de ver su obra desnaturalizada por falangistas que quer\u00edan apropi\u00e1rsela, con una sensaci\u00f3n de frustraci\u00f3n y fracaso. Por eso, vivi\u00f3 como a salto de mata esos \u00faltimos diez a\u00f1os de su vida, con continuos desplazamientos a Portugal.<\/p>\n<p>Leer a Ortega es siempre un placer, un goce est\u00e9tico, por la belleza y desenvoltura de su estilo: claro, pl\u00e1stico, inteligente, culto, salpicado de iron\u00edas y al alcance de cualquier lector. Por esta \u00faltima caracter\u00edstica de su prosa, algunos le niegan la condici\u00f3n de fil\u00f3sofo y dicen que se qued\u00f3 solo en literato o periodista. A m\u00ed me encantar\u00eda que as\u00ed fuera, porque, de ser cierta la premisa en que aquel juicio excluyente se inspira, la filosof\u00eda sobrar\u00eda y la literatura y el periodismo reemplazar\u00edan con creces su funci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es cierto que a veces su pluma se engolaba, como cuando escrib\u00eda \u201crigoroso\u201d en vez de \u201criguroso\u201d, y que, en los dos mandatos que \u00e9l fij\u00f3 al intelectual \u2013oponerse y seducir\u2013, su coqueter\u00eda y vanidad lo llevaron algunas veces a descuidar la primera obligaci\u00f3n por la segunda.<\/p>\n<p>Pero esas debilidades ocasionales est\u00e1n m\u00e1s que compensadas por el vigor y la gracia que su talento era capaz de inyectar a las ideas, las que, en sus ensayos, a menudo parecen los personajes vivos e impredecibles de esa balzaciana <i>Comedia humana<\/i> que tanto lo embeles\u00f3 en su adolescencia. Contribuy\u00f3 a humanizar su pensamiento esa vocaci\u00f3n realista que \u2013como en la gran tradici\u00f3n pict\u00f3rica espa\u00f1ola\u2013 era inseparable de su vocaci\u00f3n intelectual. Ni la filosof\u00eda en particular, ni la cultura en general, deb\u00edan ser un mero ejercicio de acrobacia ret\u00f3rica, una gimnasia de esp\u00edritus selectos. Para este \u201celitista\u201d, la misi\u00f3n de la cultura no pod\u00eda ser m\u00e1s que democr\u00e1tica: inmiscuirse en la vida de todos los d\u00edas y nutrirse de ella. Mucho antes de que los existencialistas franceses desarrollaran sus tesis sobre el \u201ccompromiso\u201d del intelectual con su tiempo y su sociedad, Ortega hab\u00eda hecho suya esta convicci\u00f3n, y la puso en pr\u00e1ctica en todo lo que escribi\u00f3. Lo cual no significa que escribiera sobre todo: por ejemplo, un silencio que se le reprocha es no haberse pronunciado con rotundidad sobre el resultado de la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Pero ya he explicado las razones rec\u00f3nditas de aquel silencio.<\/p>\n<p>Una de sus c\u00e9lebres frases fue: \u201cla claridad es la cortes\u00eda del fil\u00f3sofo\u201d, m\u00e1xima a la que siempre se ci\u00f1\u00f3 con lealtad perruna a la hora de escribir. Yo no creo que ese esfuerzo por ser accesible, inspirado en el anhelo de Goethe de ir siempre \u201cdesde lo oscuro hacia lo claro\u201d, que \u00e9l llam\u00f3 la voluntad luciferina, empobrezca su pensamiento y lo reduzca al mero papel de un divulgador. Por el contrario, uno de sus grandes m\u00e9ritos es haber sido capaz de llevar a un p\u00fablico no especializado, a lectores profanos, los grandes temas de la filosof\u00eda, la historia y la cultura en general, de un modo que pudieran entenderlos y sentirse concernidos por ellos, sin trivializar ni traicionar por esto los asuntos que trataba. A ello lo indujo el periodismo, desde luego, y las conferencias, en que se dirig\u00eda a vastos p\u00fablicos heterog\u00e9neos a los que se empe\u00f1aba en llegar, convencido de que el pensamiento confinado en el aula o el c\u00f3nclave profesional, lejos del \u00e1gora, se marchitaba y eclipsaba. Cre\u00eda con firmeza que la filosof\u00eda ayuda a los seres humanos a vivir, a resolver sus problemas, a encarar con lucidez el mundo que los rodea, y que, por lo tanto, no deb\u00eda ser patrimonio exclusivo de los fil\u00f3sofos sino llegar a la gente del com\u00fan.<\/p>\n<p>Ese prurito obsesionante por hacerse entender de todos sus lectores es una de las lecciones m\u00e1s valiosas que nos ha legado, una muestra de su vocaci\u00f3n democr\u00e1tica y liberal, y de luminosa importancia en estos tiempos, en que, cada vez m\u00e1s, en las distintas ramas de la cultura, se imponen, sobre el lenguaje com\u00fan, las jergas o dialectos especializados y herm\u00e9ticos a cuya sombra, muchas veces, se esconde, no la complejidad y la hondura cient\u00edfica, sino la prestidigitaci\u00f3n verbosa y la trampa. Coincidamos o diverjamos de sus tesis y afirmaciones, con Ortega una cosa siempre es evidente: no hace trampas, la transparencia de su discurso se lo impide.<\/p>\n<p>La voluntad luciferina no le impidi\u00f3 ser audaz y proponer, antes que nadie, una interpretaci\u00f3n de las tendencias dominantes de su \u00e9poca en la vida social y en el arte que parec\u00edan fantasiosas y que, luego, la historia ha refrendado. En <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> advirti\u00f3, con certera visi\u00f3n, que en el siglo xx, a diferencia de lo que hab\u00eda ocurrido antes, el factor decisivo de la evoluci\u00f3n social y pol\u00edtica no ser\u00edan ya las elites, sino aquellos sectores populares an\u00f3nimos, trabajadores, campesinos, parados, soldados, estudiantes, colectivos de toda \u00edndole, cuya irrupci\u00f3n \u2013pac\u00edfica o violenta\u2013 en la historia revolucionar\u00eda la sociedad futura y trazar\u00eda una n\u00edtida frontera con la de anta\u00f1o. Y en <i>La deshumanizaci\u00f3n del arte<\/i> (publicada por primera vez en 1925) describi\u00f3, con lujo de detalles y notable justeza, el progresivo divorcio que, impulsado por la formidable renovaci\u00f3n de las formas que introdujeron las vanguardias en la m\u00fasica, la pintura y la literatura, ir\u00eda ocurriendo entre la obra de arte moderna y el p\u00fablico general (o las mujeres y hombres del com\u00fan), un fen\u00f3meno sin precedentes en la historia de la civilizaci\u00f3n. Estos son dos ejemplos importantes, pero no \u00fanicos, de la lucidez con que Ortega escudri\u00f1\u00f3 su circunstancia y advirti\u00f3 en ella, como un adelantado, la tendencia y la l\u00ednea de fuerza dominantes en el porvenir inmediato. Lo cierto es que su obra est\u00e1 salpicada de sorprendentes anticipaciones e intuiciones felices.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue, pol\u00edticamente hablando? Librepensador, ateo (o, por lo menos, agn\u00f3stico), civilista, cosmopolita, europe\u00edsta, adversario del nacionalismo y de todos los dogmatismos ideol\u00f3gicos, dem\u00f3crata; su palabra favorita \u2013repito\u2013 fue siempre \u201cradical\u201d. El an\u00e1lisis, la reflexi\u00f3n, deb\u00edan ir siempre hasta la ra\u00edz de los problemas, no quedarse jam\u00e1s en la periferia o la superficie. Sin embargo, en pol\u00edtica, en cierto modo \u00e9l se qued\u00f3 a veces lejos de ese radicalismo que predicaba. Fue, por su talante abierto y su tolerancia para las ideas y posturas ajenas, un liberal. Pero un liberal limitado por su desconocimiento de la econom\u00eda \u2013un vac\u00edo que lo llev\u00f3 a veces, cuando propon\u00eda soluciones para problemas como el centralismo, el caciquismo o la pobreza, a postular un intervencionismo estatal y un dirigismo voluntarista totalmente \u00edrritos a esa libertad individual y ciudadana que con tanta convicci\u00f3n y buenas razones defend\u00eda.<\/p>\n<p>El fracaso de la Rep\u00fablica y el ba\u00f1o de sangre de la Guerra Civil espa\u00f1ola traumatizaron, en lo que concierne a sus ideales pol\u00edticos, a Ortega y Gasset. Hab\u00eda apoyado y puesto muchas ilusiones en el advenimiento de la Rep\u00fablica, pero los des\u00f3rdenes y violencias que la acompa\u00f1aron lo sobrecogieron (\u201cNo es esto, no es esto\u201d proclam\u00f3 en su c\u00e9lebre art\u00edculo sobre la Rep\u00fablica espa\u00f1ola en crisis). Luego, la rebeli\u00f3n franquista y la polarizaci\u00f3n extremista que aceler\u00f3 la guerra lo arrinconaron en una especie de catacumba ideol\u00f3gica. A su juicio, la democracia liberal \u201ces la forma que en pol\u00edtica ha representado la m\u00e1s alta voluntad de convivencia\u201d y la que ha mostrado un esp\u00edritu de tolerancia sin precedentes en la historia, ya que el liberalismo \u201ces el derecho que la mayor\u00eda otorga a la minor\u00eda\u201d, es \u201cla decisi\u00f3n de convivir con el enemigo\u201d (p. 130). \u00bfEra posible una posici\u00f3n de esta \u00edndole en medio de una guerra civil? Lo que \u00e9l defend\u00eda \u2013una sociedad ilustrada, libre, de coexistencia y legalidad, europea y civil\u2013 parec\u00eda irreal en una Europa sacudida por el avance sim\u00e9trico de los totalitarismos, que arrollaban a su paso hasta los cimientos de la civilizaci\u00f3n con la que \u00e9l so\u00f1aba para Espa\u00f1a. Nunca super\u00f3 Ortega el derrumbe de aquellas ilusiones.<\/p>\n<p>Cuando uno frecuenta, por tanto tiempo como he hecho yo con Ortega, aunque sea a puchitos diarios, la obra de un escritor, se familiariza de tal modo con \u00e9l \u2013quiero decir, con su persona\u2013 que, luego de tanto leerlo y releerlo, tiene la sensaci\u00f3n de haberlo tratado en la intimidad, de haber asistido a esas tertulias de amigos que, seg\u00fan han descrito Juli\u00e1n Mar\u00edas y otros disc\u00edpulos, sol\u00edan ser deslumbrantes. Debi\u00f3 de ser un extraordinario conversador, expositor, profesor. Leyendo sus mejores ensayos, uno escucha a Ortega: sus silencios efectistas, el latigazo sibilante del ins\u00f3lito adjetivo, y la laber\u00edntica frase que, de pronto, se cierra, redondeando un argumento con un desplante ret\u00f3rico de matador. Todo un espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>A Ortega se le ha descalificado mucho, en los \u00faltimos a\u00f1os, desde la izquierda, acus\u00e1ndolo, como hace Gregorio Mor\u00e1n, en <i>El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo<\/i> (Barcelona, Tusquets Editores, 1998), de haber sido un discreto c\u00f3mplice de los nacionales durante la Guerra Civil, afirmaci\u00f3n que se apoya en deleznables argumentos, como el que dos hijos del fil\u00f3sofo pelearan en el bando rebelde, o su amistad y correspondencia con algunos diplom\u00e1ticos franquistas, o su empe\u00f1o en publicar en <i>The Times<\/i>, de Londres, \u2013vali\u00e9ndose de la ayuda de un delegado de los nacionales en Gran Breta\u00f1a\u2013 un texto en el que criticaba a los intelectuales europeos por tomar partido por la Rep\u00fablica sin conocer a fondo la problem\u00e1tica espa\u00f1ola. No parece serio tampoco, y s\u00ed mera chismograf\u00eda, la especie seg\u00fan la cual Ortega, en alg\u00fan momento, vali\u00e9ndose de un tercero, se ofreciera a Franco para escribirle los discursos. Jam\u00e1s se ha presentado una prueba fehaciente de tal cosa y no hay en su correspondencia el menor indicio de que sea cierta. La verdad, y el libro de Mor\u00e1n lo demuestra hasta el cansancio, si Ortega hubiera querido formar parte del r\u00e9gimen franquista, este, que a la vez que lo atacaba o silenciaba, hizo m\u00faltiples intentos para sobornarlo, lo hubiera recibido por la puerta grande. Bastaba que se adhiriera a \u00e9l p\u00fablicamente. Nunca lo hizo.<\/p>\n<p>Tampoco es un argumento para descalificarlo el que siguiera recibiendo el sueldo que le correspond\u00eda como profesor universitario cuando cumpli\u00f3 la edad de la jubilaci\u00f3n. Desde luego, hubiera sido preferible que no lo hiciera. Y, tambi\u00e9n, que nunca regresara a Espa\u00f1a y muriera en el exilio, o asumiera una oposici\u00f3n frontal y sin equ\u00edvocos contra la dictadura. Porque, entonces, cu\u00e1ntas confusiones sobre lo que fue, crey\u00f3 y defendi\u00f3 se hubieran evitado y qu\u00e9 f\u00e1cil resultar\u00eda hacer de \u00e9l, hoy, una figura pol\u00edticamente correcta. Pero, la verdadera \u201ccircunstancia\u201d de Ortega no era la de tomar partido, en el momento de estallar la Guerra Civil, por uno de los dos bandos; la opci\u00f3n que \u00e9l hizo suya qued\u00f3 pulverizada en la contienda \u2013antes de la contienda, en verdad, en los des\u00f3rdenes y la polarizaci\u00f3n pol\u00edtica durante la Rep\u00fablica\u2013 y lo dej\u00f3 en una tierra de nadie. Pero, a pesar de ello, y al saber lo vulnerable y aislado de su posici\u00f3n, fue leal a ella hasta su muerte. Esta era impracticable en aquella situaci\u00f3n de violenta ruptura de la sociedad y de manique\u00edsmo beligerante, donde desaparec\u00edan los matices y la moderaci\u00f3n; pero no era deshonesta. El r\u00e9gimen civil, republicano, democr\u00e1tico, plural, que hab\u00eda defendido en 1930, en la Agrupaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica, no coincidi\u00f3 para nada con lo que se instaur\u00f3 en Espa\u00f1a a la ca\u00edda de la monarqu\u00eda, y eso lo llev\u00f3 a una angustiada admonici\u00f3n: \u201c\u00a1No es esto, no es esto!\u201d Pero tampoco era <i>esto<\/i> una sublevaci\u00f3n fascista, y por eso, se abstuvo de tomar partido p\u00fablicamente durante la guerra por ninguno de los dos bandos en pugna, y, luego, de adherirse al r\u00e9gimen que instal\u00f3 el bando vencedor.<\/p>\n<p>Cuando Ortega regresa a Espa\u00f1a, en 1945, lo hace convencido de que el fin de la Guerra Mundial traer\u00e1 una transformaci\u00f3n de la dictadura. Se equivoc\u00f3, desde luego, y pag\u00f3 car\u00edsimo ese error: viviendo en Espa\u00f1a, con largas fugas a Portugal, entre corchetes, vilipendiado, por una parte, por los sectores m\u00e1s ultramontanos del r\u00e9gimen, que no le perdonaban su laicismo, y, por otra parte, escurri\u00e9ndose como un gato de los intentos de recuperaci\u00f3n de quienes quer\u00edan instrumentalizarlo, convertirlo en un protoide\u00f3logo de la Falange. Estos intentos llegaron a extremos de un subido grotesco con la semana de ejercicios espirituales que llev\u00f3 a cabo la Facultad de Humanidades de la Universidad Complutense de Madrid por \u201cla conversi\u00f3n de Ortega y Gasset\u201d, y con las campa\u00f1as sistem\u00e1ticas organizadas desde los p\u00falpitos para que el fil\u00f3sofo emulara a su colega, Manuel Garc\u00eda Morente, a quien s\u00ed toc\u00f3 el Esp\u00edritu Santo y devolvi\u00f3 al redil cat\u00f3lico. Ortega, pese a ese temperamento medroso que ciertos cr\u00edticos le reprochan, resisti\u00f3 la inmensa presi\u00f3n de la que era objeto \u2013y no solo oficial, tambi\u00e9n de gentes que lo respetaban y que \u00e9l respetaba\u2013 y no escribi\u00f3 una sola l\u00ednea en que se desdijera de aquellas ideas que llevaron al r\u00e9gimen, en v\u00edsperas de la muerte de Ortega, por boca del Ministro de Informaci\u00f3n de Franco, Arias Salgado, a dar esta orden a la prensa espa\u00f1ola, que no me resisto a citar: \u201cAnte la posible contingencia del fallecimiento de don Jos\u00e9 Ortega y Gasset [&#8230;] este diario dar\u00e1 la noticia con una titulaci\u00f3n m\u00e1xima de dos columnas y la inclusi\u00f3n, si se quiere, de un solo art\u00edculo encomi\u00e1stico, sin olvidar en \u00e9l los errores pol\u00edticos y religiosos del mismo, y, en cualquier caso, se eliminar\u00e1 siempre la denominaci\u00f3n de <i>maestro<\/i>.\u201d<\/p>\n<p>Los errores pol\u00edticos de Ortega no fueron los de un cobarde ni los de un oportunista; a lo m\u00e1s, los de un ingenuo que se empe\u00f1\u00f3 en encarnar una alternativa moderada, civil y reformista, en momentos en que esta no ten\u00eda la menor posibilidad de concretarse en la realidad espa\u00f1ola. Sus tibiezas y dudas no son para arroj\u00e1rselas en la cara, como una acusaci\u00f3n. Manifiestan el dram\u00e1tico destino de un intelectual visceral y racionalmente al\u00e9rgico a los extremos, a las intolerancias, a las verdades absolutas, a los nacionalismos y a todo dogma, religioso o pol\u00edtico. De un pensador que, por ello mismo, pareci\u00f3 desfasado, una antigualla, cuando la coexistencia democr\u00e1tica se evapor\u00f3 con el choque feroz de la Guerra Civil, y, luego, durante la noche totalitaria. No fue solo Ortega, sino la postura democr\u00e1tica y liberal la que qued\u00f3 aturdida y anulada en la hecatombe de la Guerra Civil. Pero, \u00bfy ahora? \u00bfEsas ideas de Ortega y Gasset, que fascistas y marxistas desde\u00f1aban por igual, no son en muchos sentidos una realidad viva, actual\u00edsima, en esa Espa\u00f1a plural, libre y tonitronante que es la de hoy? En vez de disolverlo y borrarlo, la historia contempor\u00e1nea ha confirmado a Ortega como el pensador de mayor irradiaci\u00f3n y coherencia que ha dado Espa\u00f1a a la cultura laica y democr\u00e1tica. Y, tambi\u00e9n, el que escrib\u00eda mejor.<\/p>\n<p>El pensamiento liberal contempor\u00e1neo tiene mucho que aprovechar de las ideas de Ortega y Gasset. Ante todo, redescubrir que, contrariamente a lo que parecen suponer quienes se empe\u00f1an en reducir el liberalismo a una receta econ\u00f3mica de mercados libres, reglas de juego equitativas, aranceles bajos, gas-<br \/>\ntos p\u00fablicos controlados y privatizaci\u00f3n de las empresas, aqu\u00e9l es, primero que nada, una actitud ante la vida y ante la sociedad, fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como un valor supremo que es, al mismo tiempo, motor del progreso material, de la ciencia, las artes y las letras, y de esa civilizaci\u00f3n que ha hecho posible al individuo soberano, con su independencia, sus derechos y sus deberes en permanente equilibrio con los de los dem\u00e1s, defendidos por un sistema legal que garantiza la convivencia en la diversidad. La libertad econ\u00f3mica es una pieza maestra, pero de ning\u00fan modo la \u00fanica, de la doctrina liberal. Debemos lamentar, desde luego, que muchos liberales de la generaci\u00f3n de Ortega lo ignoraran. Pero no es menos grave reducir el liberalismo a una pol\u00edtica econ\u00f3mica de funcionamiento del mercado con una m\u00ednima intervenci\u00f3n estatal. El fracaso en las \u00faltimas d\u00e9cadas de tantos intentos de liberalizaci\u00f3n de la econom\u00eda en Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica y la propia Europa, \u00bfno es acaso una prueba flagrante de que las recetas econ\u00f3micas por s\u00ed solas pueden fracasar estrepitosamente si no las respalda todo un cuerpo de ideas que las justifique y las haga aceptables para la opini\u00f3n p\u00fablica? La doctrina liberal es una cultura en la m\u00e1s ancha acepci\u00f3n del t\u00e9rmino, y los ensayos de Ortega y Gasset la reflejan, de manera estimulante y l\u00facida, en cada una de sus p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Si hubiera sido franc\u00e9s, Ortega ser\u00eda hoy tan conocido y le\u00eddo como lo fue Sartre, cuya filosof\u00eda existencialista del \u201chombre en situaci\u00f3n\u201d anticip\u00f3 \u2013y expuso con mejor prosa\u2013 con su tesis del hombre y su circunstancia. Si hubiera sido ingl\u00e9s, ser\u00eda otro Bertrand Russell, como \u00e9l un gran pensador y al mismo tiempo un notable divulgador. Pero era solo un espa\u00f1ol, cuando la cultura de Cervantes, Quevedo y G\u00f3ngora andaba por los s\u00f3tanos (la imagen es suya) de las consideradas grandes culturas modernas. Hoy las cosas han cambiado, y las puertas de ese exclusivo club se abren para la pujante lengua que \u00e9l enriqueci\u00f3 y actualiz\u00f3 tanto como lo har\u00edan, despu\u00e9s, un Jorge Luis Borges o un Octavio Paz. Es hora de que la cultura de nuestro tiempo conozca y reconozca, por fin, como se merece, a Jos\u00e9 Ortega y Gasset. ~<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00c1msterdam, 12 de noviembre de 2005.<\/p>\n<p>Conferencia dictada en el Nexus Instituut.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace cincuenta a\u00f1os falleci\u00f3 en Espa\u00f1a don Jos\u00e9 Ortega y Gasset, y hace 75 se public\u00f3 La rebeli\u00f3n de las masas (1930), uno de sus libros m\u00e1s importantes, acaso el que se ley\u00f3 y tradujo m\u00e1s en todo el mundo. Dos aniversarios que deber\u00edan servir para revalorizar el pensamiento de uno de los m\u00e1s elegantes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":655,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12,19,2],"tags":[],"class_list":["post-654","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-liberal","category-leer-liberal","category-portada"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/654","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=654"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/654\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":656,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/654\/revisions\/656"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/655"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=654"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=654"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=654"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}