{"id":6344,"date":"2019-11-02T20:44:11","date_gmt":"2019-11-03T00:44:11","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=6344"},"modified":"2019-11-02T20:44:11","modified_gmt":"2019-11-03T00:44:11","slug":"alza-del-pan-mujeres-con-cuchillos-y-un-rey-como-se-origino-la-revolucion-francesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=6344","title":{"rendered":"Alza del pan, mujeres con cuchillos y un rey: \u00bfc\u00f3mo se origin\u00f3 la Revoluci\u00f3n francesa?"},"content":{"rendered":"<p>En octubre de 1789, una multitud de mujeres de los barrios populares de Par\u00eds, empujadas por la hambruna y los rumores de la represi\u00f3n mon\u00e1rquica a los alcances de una Revoluci\u00f3n en ciernes, marcharon hacia el palacio de Versalles para exigir comida. No solo lo consiguieron, sino que protagonizaron un momento simb\u00f3lico en el inevitable derrumbe del antiguo orden franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Pan. Una palabra sencilla, pero que conten\u00eda una demanda urgente, fue lo que pronunci\u00f3 la mujer antes de desmayarse a los pies de su anfitri\u00f3n. Luis XVI, el monarca heredero de una tradici\u00f3n que presentaba a la monarqu\u00eda como una obra sancionada por gracia divina, mir\u00f3 sorprendido a la plebeya ca\u00edda. Como pudo, la alz\u00f3 y con uno de sus ayudantes logr\u00f3 volverla en s\u00ed.<\/p>\n<p>El rey mir\u00f3 a las mujeres, haraposas, rudas, que osaban presentarse ante su regia persona. Si pan quer\u00edan, pan tendr\u00edan. Sin m\u00e1s, dispuso que se enviara a Par\u00eds algo del excedente del palacio. Un poco de pan, pens\u00f3, aplacar\u00eda los \u00e1nimos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-6345\" src=\"https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-212x300.jpg\" alt=\"\" width=\"431\" height=\"610\" srcset=\"https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-212x300.jpg 212w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-768x1087.jpg 768w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-724x1024.jpg 724w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-297x420.jpg 297w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-640x906.jpg 640w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI-681x964.jpg 681w, https:\/\/ciudadliberal.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Luis_XVI.jpg 1357w\" sizes=\"auto, (max-width: 431px) 100vw, 431px\" \/><\/p>\n<p>Luis, un hombre blando de car\u00e1cter, aficionado a la cerrajer\u00eda y que evitaba hacer actividades los d\u00edas 21, por recomendaci\u00f3n de su astr\u00f3logo, no pod\u00eda creer lo que ve\u00eda desde las amplias ventanas de Versalles. Afuera, apostada ante las verjas se concentr\u00f3 una multitud de mujeres hambrientas, mojadas por la lluvia y armadas con picas, cuchillos carniceros y algunos ca\u00f1ones tomados desde el ayuntamiento de Par\u00eds. Demandaban comida.<\/p>\n<p>Una vez despedida la comitiva, el rey se reuni\u00f3 con sus asesores. Pensaba que la situaci\u00f3n estaba bajo control, pero la multitud en su mayor\u00eda se qued\u00f3 en las afueras de Versalles. Ten\u00edan hambre. Y henchidas por la revoluci\u00f3n incipiente, estaban dispuestas a hacerse valer a punta de palos.<\/p>\n<p>Es 1789 y en Francia todo parece posible. La profunda crisis pol\u00edtica y econ\u00f3mica derivada del d\u00e9ficit monetario hab\u00eda obligado al monarca a convocar a los Estados Generales, una reuni\u00f3n en que representantes de los estamentos sociales, nobleza, clero y estado llano, buscar\u00edan una soluci\u00f3n. Se plante\u00f3 que los dos primeros grupos, hasta entonces exentos de impuestos, deb\u00edan contribuir al erario nacional.<\/p>\n<p>Pero las cosas comenzaron a fluir de otra forma. Los comunes quisieron adelantarse a los acontecimientos y formaron una Asamblea Nacional que sancionara las reformas sociales, que estimaban, eran necesarias para el reino. Reunidos en la sala de juego de pelota de Versalles, ante un intento de impedirles una reuni\u00f3n, se juramentaron sancionar una Constituci\u00f3n el 20 de junio de ese a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u201cEl tercer estado triunf\u00f3 frente a la resistencia unida del rey y de los \u00f3rdenes privilegiados, porque representaba no s\u00f3lo los puntos de vista de una minor\u00eda educada y militante, sino los de otras fuerzas mucho m\u00e1s poderosas: los trabajadores pobres de las ciudades. especialmente de Par\u00eds, as\u00ed como el campesinado revolucionario \u2014explica Eric Hobsbawm en su cl\u00e1sico libro La era de la Revoluci\u00f3n (2003, Editorial Cr\u00edtica). Pero lo que transform\u00f3 una limitada agitaci\u00f3n reformista en verdadera revoluci\u00f3n fue el hecho de que la convocatoria de los Estados Generales coincidiera con una profunda crisis econ\u00f3mica y social\u201d.<\/p>\n<p>En realidad, las hambrunas eran relativamente comunes. Ya se hab\u00edan registrado a lo largo de la d\u00e9cada e incluso durante ese mismo a\u00f1o. Pero esta vez hubo m\u00e1s razones para el descontento. Las negativas de la nobleza a conceder algunas de las reformas exigidas hab\u00edan exacerbado el descontento popular. Ello, sumado a la carest\u00eda, dio fondo a un estallido popular desde las barriadas parisinas que demandaban reformas y comida.<\/p>\n<p>\u201cLas desastrosas cosechas de 1788 provocaron nuevamente una carest\u00eda en el precio del grano, lo que conden\u00f3 a la hambruna a buena parte de los sectores populares. En 1789, el precio del pan alcanz\u00f3 l\u00edmites escandalosos, lo que en una sociedad repleta de campesinos y peque\u00f1os artesanos precarios supuso una ca\u00edda de los m\u00e1s d\u00e9biles del lado del hambre y la miseria. El n\u00famero de mendigos se increment\u00f3, lo que gener\u00f3 una mayor inestabilidad y una efervescencia social extremadamente sensible\u201d, detalla \u00cd\u00f1igo Bolinaga en su Breve Historia de la Revoluci\u00f3n Francesa (2014 Ediciones Nowtilus).<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n en el agro pronto fue perjudicial. \u201cAfecta a los campesinos, pues significa que los grandes productores podr\u00e1n vender el grano a precios de hambre, mientras la mayor parte de los cultivadores, sin reservas suficientes, pueden tener que comerse sus simientes o comprar el alimento a aquellos precios de hambre, sobre todo en los meses inmediatamente precedentes a la nueva cosecha (es decir, de mayo-a julio)\u201d, complementa Hobsbawm.<\/p>\n<p>\u201cEl empobrecimiento del campo reduce el mer\u00adcado de productos manufacturados y origina una depresi\u00f3n industrial \u2014agrega el historiador ingl\u00e9s\u2014. Los pobres rurales estaban desesperados y desvalidos a causa de los motines y los actos de bandolerismo; los pobres urbanos lo estaban doblemente por el cese del trabajo en el preciso momento en que el coste de la vida se elevaba\u201d.<\/p>\n<p><strong>Allons enfants de la Patrie, Le jour de gloire est arriv\u00e9<\/strong><\/p>\n<p>En julio, el rey destituy\u00f3 a su ministro de finanzas, Jacques Necker, quien era partidario de ceder e introducir reformas. El monarca se rode\u00f3 de nobles ultraconservadores quienes le aconsejaron proceder con mano firme, convocar regimientos a la ciudad y recuperar el control. Asustados por la posibilidad de una disoluci\u00f3n de la Asamblea, los parisinos decidieron actuar. Sumado a ello la especulaci\u00f3n, el alza de los precios y la presencia de las tropas mercenarias suizas y alemanas, comenzaron los saqueos, y las revueltas. Hasta entonces era una protesta por el hambre, pero el temor a la represi\u00f3n motiv\u00f3 a la multitud a buscar armas y p\u00f3lvora. El 14 tomaron la Bastilla, una vieja fortaleza medieval que por entonces solo ten\u00eda siete prisioneros. Esa tarde los asaltantes consiguieron su bot\u00edn. Era el s\u00edmbolo de un viejo sistema que ca\u00eda.<\/p>\n<p>Por su lado, los burgueses, propietarios y profesionales, organizaron la Guardia Nacional, una milicia que se procur\u00f3 llevar una escarapela con los colores azul y rojo, de la ciudad de Par\u00eds, m\u00e1s el blanco de la monarqu\u00eda. A su cargo, se nombr\u00f3 a un militar cubierto de apoyo popular por su participaci\u00f3n en la guerra de independencia de los Estados Unidos y que aseguraba fidelidad a la monarqu\u00eda, el Marqu\u00e9s de Lafayette.<\/p>\n<p>Luis XVI cedi\u00f3. Retir\u00f3 las tropas y restituy\u00f3 a Necker. Incluso visit\u00f3 el ayuntamiento de Par\u00eds, donde se entrevist\u00f3 con el astr\u00f3nomo Jean Sylvain Bailly, el primer presidente de la Asamblea y reci\u00e9n elegido alcalde de Par\u00eds, quien le entreg\u00f3 la escarapela tricolor. El rey la mir\u00f3 curioso y luego la coloc\u00f3 en su fino sombrero. Sonrisas para la multitud, quejas para sus adeptos. Tiempo despu\u00e9s, como dir\u00eda Lope de Vega, pagar\u00eda con l\u00e1grimas la risa.<\/p>\n<p>Pero los cambios no se detuvieron. Pronto los revolucionarios abolieron los privilegios de la nobleza, eliminaron la servidumbre y los diezmos de la Iglesia. Adem\u00e1s, se estableci\u00f3 el derecho a propiedad y se proclam\u00f3 la Declaraci\u00f3n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. \u201cEn virtud de este, todos los hombres nacen libres e iguales, y todos ellos tienen unos derechos naturales e imprescriptibles, y es incumbencia del Estado protegerlos y garantizarlos: libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresi\u00f3n. Cuatro divisas muy en consonancia con la mentalidad liberal-burguesa de los miembros de la Asamblea que apartaron al sistema estamental, pero que no tuvieron en cuenta las condiciones reales de los menos afortunados\u201d, explica Bolinaga.En solo unas semanas, borraron de un plumazo un orden social milenario.<\/p>\n<p><strong>Mujeres al frente<\/strong><\/p>\n<p>Pero el rey no acept\u00f3 el documento. Se neg\u00f3 a promulgarlo al igual que los decretos emanados de la Asamblea que abol\u00edan el antiguo orden. Para colmo, hab\u00eda escasez de alimentos, los precios subieron y la incertidumbre ante el lento avance de las reformas crec\u00eda como la espuma. La tensi\u00f3n estaba en el ambiente y no tardar\u00eda en volver a estallar.<\/p>\n<p>\u201cLa ciudadan\u00eda, azuzada por la oratoria de Desmoulins, Gorsas o Loustalot, as\u00ed como por las proclamas radicales del peri\u00f3dico de Marat, L\u00b4Ami du peuple, interiorizaba la idea de que en cualquier momento pod\u00eda darse un nuevo golpe contrarrevolucionario, protagonizado esta vez por los sectores moderados de la revoluci\u00f3n -detalla Bolinaga-. Menudeaban ya las protestas pidiendo pan y asociando la crisis de subsistencias a la presunta culpabilidad de gente como La Fayette, contra quien las constantes proclamas de los m\u00e1s extremistas empezaron a hacer mella entre el vulgo\u201d.<\/p>\n<p>Es octubre de 1789. Por entonces, los peri\u00f3dicos eran breves folletos asociados a partidos o movimientos que informaban de algunos hechos del d\u00eda y sumaban columnas y ensayos escritos por sus redactores. En las planas de Le Moniteur universel, Le Vieux Cordelier, Le P\u00e8re Duchesne y L\u00b4Ami du peuple, circulaban proclamas, res\u00famenes de las discusiones en la Asamblea, opiniones, y noticias varias redactadas por la pluma de figuras del proceso como Camille Desmoulins, Jean Paul Marat, entre otros.<\/p>\n<p>Fue por esa v\u00eda que Par\u00eds se enter\u00f3 de una noticia que solo inflam\u00f3 m\u00e1s los \u00e1nimos. En medio de la crisis, el rey ofreci\u00f3 un gran banquete a los oficiales del regimiento de Flandes reci\u00e9n llegados a Versalles. En realidad, era una vieja costumbre militar, pero el momento era complejo. Pese a llevar la escarapela tricolor en sus uniformes, los militares, envalentonados por el alcohol y los discursos altisonantes, pronto lanzaron las insignias revolucionarias al suelo y profirieron estridentes gritos de apoyo al rey y la reina a quienes aclamaron de manera exagerada cuando aparecieron para saludar. Los temores de un golpe mon\u00e1rquico que restaurar\u00eda el Antiguo R\u00e9gimen, parec\u00edan justificados.<\/p>\n<p>Apenas se supo de los hechos en la capital, de manera espont\u00e1nea un grupo de mujeres de los barrios populares se organiz\u00f3. \u201cIndignadas por todo lo que estaba sucediendo, se concentraron frente al ayuntamiento reclamando pan y reformas, entre gritos y cuchicheos acerca de la inutilidad de sus maridos, que al parecer y seg\u00fan ellas, eran incapaces de comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo. Asaltaron el edificio en busca de grano y armas, y desde all\u00ed se las desvi\u00f3 a Versalles, argumentando que no serv\u00eda de nada hacer presi\u00f3n frente a una corporaci\u00f3n municipal que compart\u00eda sus reclamaciones pero no ten\u00eda poder para alterar las cosas\u201d. Ellas mismas deb\u00edan tomar el asunto por sus manos.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed que armadas con palos y con todo lo que encontraron, la ma\u00f1ana del 5 de octubre marcharon hacia el palacio. A su paso, la gente les vitoreaba y les entregaba \u00e1nimos. Poco a poco, se sumaron efectivos de la Guardia Nacional. Enterado, Lafayette intent\u00f3 disuadirlos, pero no lo consigui\u00f3. Ni siquiera en su condici\u00f3n de h\u00e9roe nacional. Por temor a la insubordinaci\u00f3n, y para mantener el orden, el Ayuntamiento le pidi\u00f3 que tomara el mando de la tropa y partiera a Versalles acompa\u00f1ando a las manifestantes.<\/p>\n<p>Tras seis horas caminando bajo la lluvia, llegaron a la residencia real. Presionaron para entrar, pero se les comunic\u00f3 que solo podr\u00edan recibir a una delegaci\u00f3n. De esta manera se eligi\u00f3 a seis de ellas, quienes, acompa\u00f1adas por Joseph Mounier, el Presidente de la Asamblea, entraron a un sal\u00f3n donde fueron recibidas por el rey. Fue all\u00ed que ocurri\u00f3 el incidente del desmayo de una de ellas, exhausta por la caminata, la espera y el hambre.<\/p>\n<p>Otras mujeres fueron parte del proceso revolucionario. Algunas desde las letras. La escritora Olympe de Gouges redactar\u00eda la Declaraci\u00f3n de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), texto que propon\u00eda la igualdad de derechos de la mujer respecto a los hombres. Por supuesto, solo recibi\u00f3 burlas, e incomprensi\u00f3n de ellos. Finalmente subi\u00f3 al cadalso en 1793 por su oposici\u00f3n a Robespierre y su cercan\u00eda hacia los girondinos, el bando moderado.<\/p>\n<p><strong>\u00a1El rey al balc\u00f3n!<\/strong><\/p>\n<p>Pero la historia no acab\u00f3 all\u00ed. A la ma\u00f1ana siguiente la multitud aprovech\u00f3 la poca presencia de guardias para infiltrar el palacio. Las mujeres corrieron, subieron las escaleras y comenzaron a buscar la habitaci\u00f3n de la reina Mar\u00eda Antonieta, a quien se le achacaba una personalidad fr\u00edvola y derrochadora. Los guardias reales dispararon, dieron muerte a una de las manifestantes, pero fueron reducidos y degollados. Y as\u00ed avanzaron por los pasillos de cortinaje fino, alfombras delicadas y enormes espejos.<\/p>\n<p>Entonces la reina dorm\u00eda. Alertada por el bullicio alcanz\u00f3 a despertar y se refugi\u00f3 en los aposentos de Luis junto a sus damas de honor, apenas unos instantes antes de que la multitud irrumpiera en su dormitorio. En ese momento apareci\u00f3 Lafayette y consigui\u00f3 apaciguar los \u00e1nimos. Las mujeres salieron acompa\u00f1adas por la Guardia y se quedaron en los jardines. Pero los encopetados nobles se estremecieron cuando comenzaron a escuchar los gritos: \u00a1el rey al balc\u00f3n!<\/p>\n<p>El marqu\u00e9s, comprendiendo la gravedad de la situaci\u00f3n, convenci\u00f3 al monarca de asomarse y saludar. Los asesores y la reina trataron de disuadirlo. Pero el veterano de la guerra estadounidense, con sentido com\u00fan, argument\u00f3 que la gente solo deseaba confirmar que \u00e9l estaba ah\u00ed y no hab\u00eda arrancado. En su opini\u00f3n, no hab\u00eda nada que temer.<\/p>\n<p>Sec\u00e1ndose el sudor, y consumido por los nervios, el soberano camin\u00f3 hacia el balc\u00f3n. Apenas se asom\u00f3 alguien grit\u00f3 \u00a1viva el rey! aliviado, sonri\u00f3 y salud\u00f3. La gente exigi\u00f3 que marchara a Par\u00eds con ellos. Con un leve gesto, Luis dio a entender una tibia aquiescencia.<\/p>\n<p>Mas, la muchedumbre exigi\u00f3 la presencia de la reina. Esta, acompa\u00f1ada por el delf\u00edn Luis y la princesa Mar\u00eda Teresa, se present\u00f3 ante el pueblo. Le gritaron que entrara a los ni\u00f1os. La austr\u00edaca qued\u00f3 sola, expuesta ante los manifestantes. Algunos le apuntaron. Se temi\u00f3 el regicidio. Entr\u00f3 Lafayette en escena y de manera pomposa le hizo una reverencia. Otra versi\u00f3n indica que fue la soberana quien hizo un grave saludo al pueblo reunido. Como sea, su angustia acab\u00f3 cuando escuch\u00f3 algo que no o\u00eda hace mucho: \u00a1viva la reina!<\/p>\n<p>La exigencia de la multitud era volver a Par\u00eds junto a la familia real, para que estos conocieran de primera mano sus problemas. Escoltados por Lafayette el trayecto de vuelta pareci\u00f3 m\u00e1s una larga caminata por el campo. Los guardias repartieron pan, la gente celebraba euf\u00f3rica, las mujeres cantaban viejas canciones populares y encend\u00edan hogueras. Todos, nobles y plebeyos sab\u00edan que dejaban en el camino un viejo orden. Hobsbawm lo resumi\u00f3 con una comparaci\u00f3n literaria. \u201cEl resultado de la Revoluci\u00f3n francesa fue que la \u00e9poca de Balzac sustituyera a la de madame Dubarry\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/culto.latercera.com\/2019\/10\/21\/alza-del-pan-revolucion-francesa\/?utm_source=singlelt&amp;utm_medium=latercera\">La Tercera &#8211; Culto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En octubre de 1789, una multitud de mujeres de los barrios populares de Par\u00eds, empujadas por la hambruna y los rumores de la represi\u00f3n mon\u00e1rquica a los alcances de una Revoluci\u00f3n en ciernes, marcharon hacia el palacio de Versalles para exigir comida. 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