{"id":5071,"date":"2019-03-26T18:11:29","date_gmt":"2019-03-26T22:11:29","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=5071"},"modified":"2019-08-16T20:26:44","modified_gmt":"2019-08-17T00:26:44","slug":"por-un-liberalismo-critico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=5071","title":{"rendered":"[OP] Por un liberalismo cr\u00edtico"},"content":{"rendered":"<p>Debemos volver a ser cr\u00edticos y forzar debates intelectuales que combatan los dogmas totalizantes que persiguen aplastar la heterodoxia y la pluralidad de las formas de vida personales<\/p>\n<p>Los liberales no podemos resignarnos a ver c\u00f3mo Hobbes se impone pol\u00edticamente a Locke todos los d\u00edas. No podemos aceptar que el miedo venza a la libertad; que el orden y la seguridad desplacen al pluralismo y la tolerancia; que la democracia liberal mute hacia la democracia populista; que las multitudes y los oligopolios digitales arrollen a la persona; que el sentimiento silencie a la raz\u00f3n; que el nacionalismo \u2014grande o peque\u00f1o, \u00e9tnico, ling\u00fc\u00edstico o jacobino\u2014 suplante al cosmopolitismo; que el cesarismo se lleve por delante la institucionalidad, y, sobre todo, que la radicalidad fan\u00e1tica de los principios asfixie la moderaci\u00f3n dialogante de los acuerdos.<\/p>\n<p>El liberalismo naci\u00f3 como una lucha contra el miedo al comienzo de la modernidad. Fue un empe\u00f1o civilizador. De la mano de la Ilustraci\u00f3n, desarroll\u00f3 un compromiso universal con la dignidad del hombre, la raz\u00f3n, el gobierno limitado, la apertura de los mercados y la fe en el progreso humano a trav\u00e9s de la democracia deliberativa y el reformismo. Gracias al liberalismo, la democracia se ha configurado como un sumatorio de procedimientos que permiten la paz social entre diferentes que son iguales ante la ley. Un sumatorio institucional que, sin embargo, soporta en estos momentos una fatiga de materiales que amenaza su continuidad. Si no se renueva a s\u00ed mismo corre el riesgo de colapsar debido a la presi\u00f3n de un c\u00famulo de malestares colectivos que hacen inviable su vigencia.<\/p>\n<p>El liberalismo est\u00e1 en retirada, sin duda, pero no est\u00e1 derrotado. Sufre el asedio de una posmodernidad que se ha convertido en una experiencia colectiva para la que no estaba preparado y que le ha sorprendido sin respuestas. La crisis de seguridad iniciada en 2001 y la econ\u00f3mica de 2008 han provocado un tsunami de miedo y desilusi\u00f3n que ha roto las costuras de la institucionalidad y la confianza en el progreso. La democracia liberal vive desbordada y sin capacidad de respuesta. Los fen\u00f3menos pol\u00edticos, sociales, culturales y econ\u00f3micos que la asedian debilitan su cosmovisi\u00f3n racional y su capacidad de gesti\u00f3n reformista. Su estrategia de m\u00ednimos y consensos, su din\u00e1mica de control de da\u00f1os y su l\u00f3gica de equilibrios, donde todos pierden a corto plazo para ganar con el paso del tiempo, ha colapsado ante la irrupci\u00f3n de una ola de sentimientos colectivos que exige m\u00e1ximos en tiempo real, que rechaza cualquier negociaci\u00f3n y que busca negar del contrario por principio. Y ello dentro de sociedades que han implosionado en su coherencia y normalidad para mostrarse hiperfragmentadas y en constante excepcionalidad.<\/p>\n<p>El manifiesto liberal que invocaba hace unos d\u00edas\u00a0<em>The Economist<\/em>\u00a0evidencia que las ideas liberales siguen vivas aunque apenas tienen pulso. Necesitan repensarse y revisitarse a partir de las experiencias de un mundo que est\u00e1 liberando unos vectores de cambio que quieren marginarlas abiertamente y olvidarse de ellas. Un mundo de intolerancia, utop\u00eda populista, delirios nacionalistas, mutaciones digitales de las identidades y arrogancia cesarista. Un mundo que est\u00e1 urdiendo en la intimidad del inconsciente colectivo un desplazamiento del eje de legitimidad de la democracia desde la libertad a su negaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La urgencia de reanimar el liberalismo es mayor que nunca en las tres \u00faltimas d\u00e9cadas. Tiene que recobrar protagonismo si la democracia quiere sobrevivir a ella misma. \u00bfHabr\u00eda democracia sin una mentalidad liberal que centre los debates colectivos introduciendo en ellos racionalidad cr\u00edtica y capacidad para dialogar desde la empat\u00eda hacia al otro y el respeto a las reglas de juego? En este sentido, el vac\u00edo que deja a sus contrarios y el espacio abandonado son tan grandes que la centralidad pol\u00edtica est\u00e1 hu\u00e9rfana. El centro en las democracias occidentales ya no tiene voces y, con \u00e9l, la moderaci\u00f3n compleja que representa.<\/p>\n<p>El ruido y la simpleza intelectuales infeccionan los relatos partidistas de Europa y EE\u00a0UU bajo la forma de un griter\u00edo insustancial que dispara contra cualquier actitud moderada y racional a partir de su caricaturizaci\u00f3n. Un griter\u00edo que transforma la din\u00e1mica de los partidos en algo tribal y donde la l\u00f3gica amigo-enemigo justifica pagar el precio de cualquier indignidad con tal de progresar unos palmos electorales. La proliferaci\u00f3n de Gobiernos atrapados por din\u00e1micas populistas, xen\u00f3fobas o nacionalistas no parece tener fin. La n\u00f3mina crece y la de quienes aspiran a gobernar contra el liberalismo o sin el liberalismo.<\/p>\n<p>Si las ideas liberales quieren recuperar su vigencia y dar la batalla a los populismos, deben ofrecer un relato que responda a los miedos que pesan sobre nuestro tiempo. Eso significa, antes que nada, restaurar una filosof\u00eda de la libertad para el siglo XXI. Una filosof\u00eda al servicio de pol\u00edticas basadas en una \u00e9tica que reconozcan el valor\u00a0<em>per se<\/em>\u00a0de la persona, nacional o no, que vean en ella un\u00a0<em>homo moralis<\/em>\u00a0que tiene el derecho a ser\u00a0<em>alguien<\/em>\u00a0sin interferencias patriarcales y a no a ser\u00a0<em>algo,<\/em>\u00a0cosificado y desechable. Eso pasa por reconstruir la tolerancia como un principio sist\u00e9mico desde el que reconocer la alteridad y empatizar con la realidad de los otros si queremos restablecer una relaci\u00f3n cooperativa con ellos y de, paso, de cuidado con la democracia misma. Para lograr un entorno tolerante hay que liberar a la democracia de dogmas y principios irrefutables mediante un racionalismo cr\u00edtico que combata la tendencia monista a sustituir las ideas por dogmas y a defender que estos pueden dar respuesta a los problemas humanos. Hay que devolver al liberalismo su capacidad cr\u00edtica de la autoridad, su defensa del pluralismo axiol\u00f3gico y su antideterminismo.<\/p>\n<p>El liberalismo del siglo XXI tiene que ser un liberalismo cr\u00edtico. Un liberalismo que reivindique una metodolog\u00eda de gobierno basada en indicadores de falseabilidad que relativicen la arrogancia de soluciones definitivas y absolutas. Una metodolog\u00eda cr\u00edtica que cuestione democr\u00e1ticamente la arbitrariedad del poder all\u00ed donde esta irrumpa y sea cual sea la naturaleza de su formulaci\u00f3n. Y aqu\u00ed, la cr\u00edtica a la desmaterializaci\u00f3n de la identidad humana que propicia la revoluci\u00f3n digital impulsada por el oligopolio de las corporaciones tecnol\u00f3gicas y la proliferaci\u00f3n de multitudes digitales, exige un empoderamiento liberal de las sociedades. Un empoderamiento que, por un lado, impida \u00e9ticamente el salto disruptivo que los algoritmos est\u00e1n a punto de propiciar hacia un futuro deshumanizado y dist\u00f3pico, y que, por otro, exija cr\u00edticamente un futuro distinto a este que acabo de mencionar, basado en derechos digitales, propiedad sobre los datos y una estructura de deberes que anteponga a la realidad aumentada monetizable, la dignidad aumentada de la humanidad.<\/p>\n<p>Estas y otras reflexiones deben ser invocadas por el liberalismo para volver a ser relevante en las sociedades democr\u00e1ticas. Si los liberales queremos devolver a la centralidad su protagonismo, debemos volver a ser cr\u00edticos y forzar debates intelectuales que combatan los dogmas totalizantes que persiguen aplastar la heterodoxia, la pluralidad de las formas de vida personales y esa rep\u00fablica interior que habita en el pecho moral de cada ser humano y que le hace due\u00f1o de s\u00ed mismo mediante su independencia de juicio y su racionalidad. Y aqu\u00ed la cultura como resorte cr\u00edtico puede ser fundamental, pues, de igual manera que desestructur\u00f3 el marxismo y lo transform\u00f3 gracias a la Escuela de Fr\u00e1ncfort, podr\u00eda desestructurar el liberalismo y hacerlo cr\u00edtico y b\u00e1sicamente cultural. En fin, empe\u00f1os de renovaci\u00f3n para un tiempo nuevo que exige un liberalismo tambi\u00e9n nuevo.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\"><strong>Fuente: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2018\/10\/02\/opinion\/1538490768_402026.html\">Jos\u00e9 Mar\u00eda Lassalle<\/a><\/strong>\u00a0es ensayista y fue secretario de Estado de Cultura y Agenda Digital.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Debemos volver a ser cr\u00edticos y forzar debates intelectuales que combatan los dogmas totalizantes que persiguen aplastar la heterodoxia y la pluralidad de las formas de vida personales Los liberales no podemos resignarnos a ver c\u00f3mo Hobbes se impone pol\u00edticamente a Locke todos los d\u00edas. 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