{"id":4582,"date":"2019-01-20T19:48:52","date_gmt":"2019-01-20T23:48:52","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=4582"},"modified":"2019-01-20T19:48:52","modified_gmt":"2019-01-20T23:48:52","slug":"la-carta-a-los-franceses-de-emmanuel-macron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=4582","title":{"rendered":"La \u00abCarta a los franceses\u00bb de Emmanuel Macron"},"content":{"rendered":"<p>Ser\u00e1 curioso ver hasta d\u00f3nde llegar\u00e1 la mala fe de quienes ocupan las rotondas no para ganar, sino para hacer da\u00f1o.<\/p>\n<p>Por ahora, y con la condici\u00f3n de que se lea con un m\u00ednimo de lealtad y probidad, la \u00abCarta a los franceses\u00bb del presidente Macron tiene cinco m\u00e9ritos innegables.<\/p>\n<p>1. Es, con su treintena de cuestiones espolvoreadas, un texto muy extra\u00f1o e in\u00e9dito en la tradici\u00f3n republicana que le pide a los franceses su opini\u00f3n sobre las reformas a emprender y el esp\u00edritu de nuestras instituciones. No es un escrutinio, por supuesto, ni un refer\u00e9ndum; sino una propuesta de asociaci\u00f3n sincera, casi c\u00e1ndida. La carta es una deliberaci\u00f3n democr\u00e1tica llamada a hacerse un hueco en cada hogar, pueblo y alma; y una voluntad aparentemente sincera de decirle al esp\u00edritu de estos tiempos: no s\u00f3lo \u00abte entend\u00ed\u00bb, sino que \u00abte escuch\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>2. Estas son las palabras de un presidente -con todo lo que el vocablo acarrea en Francia de nostalgia mon\u00e1rquica, melancol\u00eda nietzscheana y, desde hace dieciocho meses, jupiterismo- que se libra de su oropel de sabio, taumaturgo omnisciente y milagro emergido entre las urnas. No soy lobo ni zorro, parece decir. No soy s\u00f3lo su elegido, y mucho menos el de la fortuna o la historia. Yo soy el emisario de sus cuadernos, el embajador de sus deliberaciones, la abeja que har\u00e1 miel de sus indignaciones, el arquitecto que las transformar\u00e1 en soluciones. Todo esto en la medida, por supuesto, en que no me lleve a traicionar el mandato que se me dio ni a perjurar.<\/p>\n<p>3. Son los franceses quienes, de repente, y a pesar de lo poco literal que se lo puedan tomar, est\u00e1n llamados a girar, ya no alrededor de las rotondas, sino, como los transe\u00fantes de Atenas antiguamente, en torno a una nueva \u00e1gora asignada a este gran debate. As\u00ed deviene el ciudadano. As\u00ed surge a veces este intempestivo y gran actor que tambi\u00e9n puede ser el pueblo franc\u00e9s en las ricas horas de su historia. Entonces, por su meditaci\u00f3n giratoria; por su forma de pensar y repensar las respuestas que cre\u00eda poseer, pero que se convierten en preguntas; por la perturbaci\u00f3n que puede inyectar en las reglas del saber, del poder y de la gubernamentalidad; por esta singular crisis de conciencia, que finalmente se abre en las certezas de una naci\u00f3n y que un gran fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo podr\u00eda haber llamado la \u00abcircumfesion\u00bb, el pueblo vuelve a ser verdaderamente soberano.<\/p>\n<p>4. No quisi\u00e9ramos llevar la analog\u00eda demasiado lejos, pero, si tomamos en serio esta l\u00f3gica, manteniendo todo en sus proporciones, tambi\u00e9n es una especie de gesto socr\u00e1tico que viene a contrariar el ejercicio tradicional de la relaci\u00f3n entre dirigentes y dirigidos. El presidente de la Rep\u00fablica, en el momento de este gran debate, dice que quiere convertirse en el maestro de los corazones y las almas. Los alcaldes y prefectos est\u00e1n invitados a ser obstetras del nacimiento de la voluntad de los ciudadanos. Y toda la pol\u00edtica francesa est\u00e1 llamada a transformarse en un ejercicio de may\u00e9utica nacional. Podemos dudar, por supuesto; podemos sospechar de la maniobra y del fin pol\u00edtico a lo Maquiavelo. Pero tambi\u00e9n podemos, como en la apuesta de Pascal, elegir creer en ella. Esta carta, entonces, es una invitaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n es un aviso de muerte: la de una Francia autoritaria que solo tendr\u00e1 una matraca para desesperar a sus nuevos Billancourt.<\/p>\n<p>5. Imaginemos, finalmente, que ganamos la apuesta. Imaginemos que, en ese acuerdo potenciado a la mil\u00e9sima, en ese estado general, la \u00abvoluntad de todos\u00bb provenga de una \u00abvoluntad general\u00bb. Ser\u00eda un debut de cambio en el funcionamiento mismo de la autoridad. Ser\u00eda, en el combate tan a menudo vano y, en todo caso, infinito, entre los derechos y los deberes, los ciudadanos y sus representantes, las libertades y disciplinas, una dial\u00e9ctica nueva y avanzada. Ser\u00eda como si el famoso \u00ablugar vac\u00edo\u00bb del poder identificado por los te\u00f3ricos modernos de la democracia o el famoso \u00abpunto de fuga\u00bb teorizado por los Ju\u0308rgen Habermas y Claude Lefort, se volvieran convexos y acogieran en su orbe un poco de la esperanza de los hombres. Ser\u00eda, sin tocar una l\u00ednea de nuestra constituci\u00f3n, una aut\u00e9ntica reforma de nuestras instituciones.<\/p>\n<p>Queda verificar que, en en sus v\u00edas y medios, el gran debate est\u00e9 a la altura de lo que nos jugamos. Y se entiende que un solo golpe no abolir\u00e1 ni el azar ni lo que un pa\u00eds conserva de sufrimiento indigno y angustia digna.<\/p>\n<p>Pero el presidente ha tendido la mano. Tom\u00f3 el riesgo pol\u00edtico de ofrecer a los chalecos amarillos esta toga de legisladores entre el pueblo. Los chalecos amarillos, a partir de ahora, tienen la opci\u00f3n de levantar el guante o actuar como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p>Entre apostar, ellos tambi\u00e9n, por un di\u00e1logo, que nadie puede predecir hoy d\u00f3nde nos llevar\u00e1 -o seguir en la caza contra las \u00e9lites, periodistas, minor\u00edas y polic\u00edas. Entre trabajar, de verdad, para mejorar la suerte de los m\u00e1s necesitados- o perseverar en un odio fr\u00edo sin voluntad ni intenci\u00f3n a la manera nihilista.<\/p>\n<p>S\u00f3lo necesitamos saber que aquellos que se sientan tentados por la segunda opci\u00f3n -los que a partir de hoy se obstinen en su fiebre de s\u00e1bado por la noche, aquellos que inflijan a sus conciudadanos nuevos fines de semana de l\u00e1grimas y verg\u00fcenza- dejar\u00e1n caer sus m\u00e1scaras y no tendr\u00edan m\u00e1s derecho a adornarse con el hermoso t\u00edtulo de amigos de la gente.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elespanol.com\/mundo\/20190118\/carta-franceses-emmanuel-macron-amigos-pueblo\/369343068_13.html\">El Espa\u00f1ol<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser\u00e1 curioso ver hasta d\u00f3nde llegar\u00e1 la mala fe de quienes ocupan las rotondas no para ganar, sino para hacer da\u00f1o. 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