{"id":3261,"date":"2018-05-29T12:33:19","date_gmt":"2018-05-29T16:33:19","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=3261"},"modified":"2018-05-29T13:07:49","modified_gmt":"2018-05-29T17:07:49","slug":"feminismo-king-kong","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=3261","title":{"rendered":"Feminismo King Kong"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Crist\u00f3bal Bellolio<\/em><\/p>\n<p>Virginie Hespentes es una de las referentes literarias del feminismo contempor\u00e1neo. Su Teor\u00eda King Kong acaba de llegar a las librer\u00edas chilenas con traducci\u00f3n de Paul B. Preciado (otra figura ic\u00f3nica del llamado postfeminismo). No se trata de un denso tratado filos\u00f3fico sino de un relato biogr\u00e1fico tan crudo como l\u00facido respecto de la asimetr\u00eda de poder entre los sexos. Especialmente, como advierte Despentes, cuando te toca ser m\u00e1s King Kong que Kate Moss.<\/p>\n<p>\u201cSeguramente yo no escribir\u00eda lo que escribo si fuera guapa\u201d, dice en la apertura, \u201ctan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo\u201d.<\/p>\n<p>Despentes reconoce que escribe desde la fealdad. Al hacerlo, reconoce que su mirada est\u00e1 determinada por el lugar que ocupan \u201clas feas, las viejas, las camioneras, las fr\u00edgidas, las mal folladas, las infollables, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica\u201d en la jerarqu\u00eda social. Dicho de otra manera, el resentimiento de Despentes est\u00e1 justificado porque en un sistema que eval\u00faa a las mujeres de acuerdo con su valor est\u00e9tico, a ellas les toca la peor parte. Al frente est\u00e1n las que puntean en lo alto en el ranking de la seducci\u00f3n y la feminidad. Ellas tienen pocas razones para subvertir el statu quo. A ellas les \u201cconvienen las cosas tal y como son\u201d. No es raro, desde esta perspectiva, que las principales defensoras de los concursos de belleza y el derecho a la cosificaci\u00f3n sean justamente las que pueden ganar estos concursos u obtener importantes r\u00e9ditos de su propia cosificaci\u00f3n. Despentes dice que no tiene nada contra ellas porque en el fondo las entiende: ella no ver\u00eda el mundo como lo ve si le hubiese tocado poseer el recurso que el patriarcado m\u00e1s valora, ese que determina las posiciones en la estratificaci\u00f3n social. Pero tampoco puede quedarse de brazos cruzados: tiene que rebelarse.<\/p>\n<p>Los hombres, en cambio, son socialmente evaluados a partir de varios criterios. No son reducidos a su aporte est\u00e9tico, tal como ocurre en la reci\u00e9n estrenada comedia Je ne suis pas un homme facile, de la directora El\u00e9onore Pourriat. La pel\u00edcula es desconcertante porque nos cuesta mucho imaginar un mundo donde los hombres son encasillados en los roles tradicional mente asociados al g\u00e9nero femenino, particularmente la carga de generar la atracci\u00f3n sexual. Despentes relata que jug\u00f3 un tiempo ese rol -de escote, minifalda y taco alto- y que logr\u00f3 dimensionar -e incluso disfrutar- el poder que emana de dicha posici\u00f3n. Es el poder al cual no quieren renunciar figuras del espect\u00e1culo que a la vez se declaran feministas como Beyonc\u00e9 y Emma Watson. Sobre la primera, la escritora Piona McCade se\u00f1al\u00f3 que no era una verdadera feminista porque la explotaci\u00f3n del cuerpo para vender discos es justamente caer en el juego del patriarcado que asigna a la deseabilidad sexual el valor central. Sobre la segunda, la acad\u00e9mica chilena Alejandra Z\u00fa\u00f1iga hizo una cr\u00edtica similar. El problema de las feministas que giran de la cuenta corriente de la atracci\u00f3n sexual es que no est\u00e1n contribuyendo a un mundo mejor para las mujeres en general. La hipersexualizaci\u00f3n, dice Z\u00fa\u00f1iga, las hace a\u00fan m\u00e1s vulnerables. Normaliza la idea de que su valor est\u00e1 en la dimensi\u00f3n est\u00e9tica y justifica su exclusi\u00f3n o marginalizaci\u00f3n en \u00e1reas distintas del quehacer social como la pol\u00edtica, la empresa o la academia. Para qu\u00e9 hablar de la violencia sexual.<\/p>\n<p>En este sentido, la mujer King Kong no disfruta de los beneficios sociales de la mujer que \u201clogra cambiar la actitud de los hombres con que se cruza\u201d y paga igualmente los costos de una sociedad hipersexualizada. Al contar la historia de su propia violaci\u00f3n, Despentes desmiente la tesis de que los hombres son animales salvajes que requieren de control y vigilancia para domesticar su libido, muy propia de las sociedades que culpan a la v\u00edctima por encender pasiones supuestamente incontrolables. Cree por el contrario, que se trata de una construcci\u00f3n pol\u00edtica y \u201cno evidencia natural -pulsional- como nos quieren hacer creer\u201d. En este debate, Despentes est\u00e1 con Susan Brownmiller, quien en su influyente Against Our Will (1975) sostiene que la violaci\u00f3n es una pr\u00e1ctica de dominaci\u00f3n. Una teor\u00eda distinta es la que exponen el bi\u00f3logo Randy Thornhill y el antrop\u00f3logo Craig T. Palmer en su controversial A Natural History of Rape (2000), que sostiene que la violencia sexual se entiende mejor desde la psicolog\u00eda evolucionaria.<\/p>\n<p>En materia de porno y prostituci\u00f3n, Despentes adopta un registro m\u00e1s liberal. En este campo la ortodoxia en el feminismo radical la representan Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon, quienes consideran que el porno es una violaci\u00f3n a la igualdad entre hombres y mujeres. Hasta donde entiendo, su posici\u00f3n tambi\u00e9n es restrictiva en el caso del comercio sexual. Despentes cree que la pornograf\u00eda cumple una funci\u00f3n mediadora que \u201crelaja la tensi\u00f3n entre delirio sexual abusivo y el rechazo exagerado de la realidad sexual\u201d. Mucho de lo que nos excita proviene de zonas oscuras y no tiene sentido negarlo, reconoce. La ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica nos permite soltar esas amarras y perder la raz\u00f3n sin da\u00f1o a terceros. Habiendo ejercido la prostituci\u00f3n durante algunos a\u00f1os, finalmente, la reflexi\u00f3n de Despentes es poderosa. Rechaza el discurso mojigato de la mujer que quiere abolir el mercado del sexo porque en el fondo le aproblema la competencia desleal. No quiere la falsa compasi\u00f3n que ofrece la sororidad. Busca desmitificar que todas las trabajadoras sexuales son v\u00edctimas. No es m\u00e1s que una pega bien pagada si tienes pocas calificaciones, declara la autora. Lo que exige es que se ejerza en las condiciones que ellas escojan. Como se advierte, no es f\u00e1cil encasillar el feminismo King Kong en una etiqueta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/www.capital.cl\/opinion\/2018\/05\/24\/150712\/feminismo-king-kong\/\">Revista Capital<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Crist\u00f3bal Bellolio Virginie Hespentes es una de las referentes literarias del feminismo contempor\u00e1neo. Su Teor\u00eda King Kong acaba de llegar a las librer\u00edas chilenas con traducci\u00f3n de Paul B. Preciado (otra figura ic\u00f3nica del llamado postfeminismo). 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