{"id":1953,"date":"2017-07-14T00:39:09","date_gmt":"2017-07-14T04:39:09","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=1953"},"modified":"2017-07-14T00:41:29","modified_gmt":"2017-07-14T04:41:29","slug":"la-democracia-iliberal-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=1953","title":{"rendered":"La era Caburga"},"content":{"rendered":"<p>Desde la irrupci\u00f3n de Michelle Bachelet en la escena pol\u00edtica \u2013poco despu\u00e9s de integrar el primer gabinete de Ricardo Lagos- ninguna otra figura de su sector ha sido capaz de rivalizar con su estrella. Soledad Alvear ni siquiera alcanz\u00f3 a competirle en 2005. Luego de ganar su primera presidencia, las cosas no cambiaron: en vez de invertir en liderazgos de futuro, la Concertaci\u00f3n se dedic\u00f3 a discutir si era mejor Lagos, Insulza o Frei. Bachelet termin\u00f3 su per\u00edodo con cifras exorbitantes de popularidad y los partidos de su coalici\u00f3n descansaron en la certeza de su retorno. Gan\u00f3 la primaria de 2013 caminando y luego volvi\u00f3 a imponerse con holgura en la presidencial. Incluso despu\u00e9s de la reciente aparici\u00f3n de Alejandro Guillier \u2013como fen\u00f3meno de popularidad similar-, el espacio que deja Bachelet no ha sido realmente llenado. <strong>Por tres lustros, su hegemon\u00eda ha sido incontestable<\/strong>.<\/p>\n<p>Pi\u00f1era est\u00e1 ad portas de poder decir lo mismo en la derecha. Aunque apareci\u00f3 mucho antes que Bachelet en el mapa \u2013fue senador y precandidato presidencial en los noventa-, nunca pudo afirmarse como la figura central de su sector. El <em>Lavinismo<\/em> lo releg\u00f3 a un segundo lugar. En 2001 tuvo que bajarse de la senatorial porte\u00f1a en favor del Almirante Arancibia. En 2004, Pi\u00f1era y Longueira fueron \u201ccesados\u201d en sus respectivas presidencias partidarias a petici\u00f3n del propio Joaqu\u00edn Lav\u00edn. Hasta entonces, Pi\u00f1era era uno m\u00e1s de la \u201cgeneraci\u00f3n dorada\u201d de la derecha chilena: la patrulla juvenil de RN y los coroneles en la UDI. Eso cambi\u00f3 en 2005, cuando Pi\u00f1era le arrebat\u00f3 a Lav\u00edn la primera vuelta presidencial. Desde entonces, su hegemon\u00eda ha sido tambi\u00e9n incontestable: fue por lejos el candidato mejor aspectado durante los a\u00f1os siguientes y coron\u00f3 sus esfuerzos ganando la presidencia en 2010. <strong>Pi\u00f1era ya no era uno m\u00e1s: se convirti\u00f3 en un <em>primus inter pares<\/em> (el primero entre sus pares).<\/strong> Tal como le ocurri\u00f3 a Bachelet, ninguno de sus coet\u00e1neos pudo reclamar el derecho de sucesi\u00f3n. Ni Allamand ni Longueira ni Matthei estuvieron a la altura. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, Pi\u00f1era obtiene en solitario lo mismo que obtuvieron \u2013sumados- los dos candidatos de derecha en la primaria de 2013. En estos cuatro a\u00f1os, Pi\u00f1era nunca ha abandonado la <em>pole position<\/em>. Si todo marcha sin sobresaltos, es muy probable que obtenga su segunda presidencia a fines de este a\u00f1o.<\/p>\n<p>La cosa ser\u00eda entonces Bachelet \u2013 Pi\u00f1era \u2013 Bachelet \u2013 Pi\u00f1era. Diecis\u00e9is a\u00f1os bastan para marcar una era. <strong>Diecis\u00e9is a\u00f1os en los cuales ambos han conocido las c\u00faspides de la aprobaci\u00f3n popular y los hondos pozos del descontento, pero en los cuales nunca han sido ni remotamente amenazados por figuras de sus propias coaliciones<\/strong>. La era Caburga, si tuvi\u00e9ramos que inventar un nombre de fantas\u00eda.<\/p>\n<p>Es cierto que Pi\u00f1era no gan\u00f3 la reciente primaria con la misma sideral distancia con la que se impuso Bachelet en los albores de la Nueva Mayor\u00eda. Pero parece un detalle menor. La diferencia que sac\u00f3 respecto de su m\u00e1s cercano competidor es contundente e inapelable: m\u00e1s de treinta puntos. Del mismo modo que Bachelet no se vio obligada a hacer muchas concesiones a sus contendores de entonces (Velasco, Orrego y G\u00f3mez), Pi\u00f1era tampoco queda muy presionado al respecto. Esto no significa que los votos de Manuel Jos\u00e9 Ossand\u00f3n o Felipe Kast no importen. Todos los votos importan para ganar competencias estrechas. <strong>Lo que significa es que no amagan la posici\u00f3n de Pi\u00f1era como l\u00edder exclusivo y excluyente del sector. Es cada vez m\u00e1s <em>primus<\/em> y menos par<\/strong>.<\/p>\n<p>La primaria era sin duda un riesgo. Pero tal como Bachelet en 2013, Pi\u00f1era sale de este proceso fortalecido y recargado. Como no conoce el rencor \u2013una de sus virtudes menos comentadas- el ex presidente no debiese tener problemas para integrar a los perdedores y a sus equipos. <strong>La derecha puede mostrar el brillo de sus credenciales democr\u00e1ticas y -por primera vez- contrastarlo con la opacidad de los procedimientos oficialistas<\/strong>. Tambi\u00e9n puede ufanarse de jugar en una divisi\u00f3n superior a la que juega el Frente Amplio. Por cada cuatro ciudadanos que participaron en la primaria de Chile Vamos, s\u00f3lo 1 vot\u00f3 en la competencia que med\u00eda a Beatriz S\u00e1nchez y Alberto Mayol. Por s\u00ed mismo, este n\u00famero no deber\u00eda ser muy preocupante para los dirigentes del Frente Amplio. Fue su inexperiencia la que gener\u00f3 expectativas m\u00e1s altas. Se trata de una fuerza emergente que debe transitar a\u00fan varias etapas. No tiene la maquinaria aceitada de los partidos tradicionales. Por todo lo anterior, no son \u2013por ahora- amenaza real para Pi\u00f1era.<\/p>\n<p>La inc\u00f3gnita es qu\u00e9 viene despu\u00e9s de la era Caburga. En la tribu de Bachelet no aparecen contendores serios a la sucesi\u00f3n. <strong>La izquierda tiene mejores prospectos en Jackson y Boric, quienes esperan pacientemente que el carnet de identidad acredite que cumplieron 35<\/strong>. Por el lado de la derecha, no es obvio que Ossand\u00f3n tome la posta. Salir segundo en la primaria no asegura la nominaci\u00f3n siguiente. No le ocurri\u00f3 a Zald\u00edvar ni a Velasco ni a Allamand. Seguramente, el pi\u00f1erismo querr\u00e1 parir un delf\u00edn propio. <strong>Felipe Kast est\u00e1 m\u00e1s cerca que Ossand\u00f3n de esos afectos, pero qued\u00f3 demostrado que su proyecto modernizador y versi\u00f3n liberal derecha tiene un arrastre interno limitado<\/strong>. Esto no hace m\u00e1s que reforzar la figura de Pi\u00f1era como la encarnaci\u00f3n del ethos contempor\u00e1neo de la derecha chilena, del mismo modo que Bachelet ha sintetizado lo mismo en la vereda izquierda en los \u00faltimos quince a\u00f1os.<\/p>\n<p>Link:\u00a0<a href=\"http:\/\/www.capital.cl\/opinion\/2017\/07\/06\/141094\/la-era-caburgua\">http:\/\/www.capital.cl\/opinion\/2017\/07\/06\/141094\/la-era-caburgua<\/a><\/p>\n<p>Autor: Cristobal Bellolio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la irrupci\u00f3n de Michelle Bachelet en la escena pol\u00edtica \u2013poco despu\u00e9s de integrar el primer gabinete de Ricardo Lagos- ninguna otra figura de su sector ha sido capaz de rivalizar con su estrella. Soledad Alvear ni siquiera alcanz\u00f3 a competirle en 2005. 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