{"id":1620,"date":"2017-06-11T19:15:04","date_gmt":"2017-06-11T23:15:04","guid":{"rendered":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=1620"},"modified":"2017-06-11T19:15:04","modified_gmt":"2017-06-11T23:15:04","slug":"desigualdad-en-chile-dura-de-matar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciudadliberal.cl\/?p=1620","title":{"rendered":"Desigualdad en Chile: Dura de matar"},"content":{"rendered":"<p><strong>Sello de origen<\/strong><\/p>\n<p>La asimetr\u00eda en la distribuci\u00f3n del capital y la influencia existe en este territorio desde antes de que Chile fuera Chile, plantea este trabajo liderado por el economista Osvaldo Larra\u00f1aga junto al soci\u00f3logo Raimundo Frei y el ingeniero y soci\u00f3logo Mat\u00edas Coci\u00f1a, investigadores del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El libro, en el que tambi\u00e9n trabajaron la economista Denise Falk, su par Rodrigo Herrera y el soci\u00f3logo Vicente Silva, re\u00fane estudios existentes, presenta otros nuevas e incluye encuestas y entrevistas para explorar el fen\u00f3meno de la desigualdad desde distintas perspectivas. Adem\u00e1s usa un lenguaje preciso, pero no especializado, porque aspira a ser de consulta general y no s\u00f3lo para t\u00e9cnicos.<\/p>\n<p>Entre sus cap\u00edtulos incluye una revisi\u00f3n hist\u00f3rica que sostiene que el \u201cpecado original\u201d, por llamarlo de alguna manera, en Chile es la asignaci\u00f3n de tierras que se realiz\u00f3 en la colonia a espa\u00f1oles y sus descendientes blancos y dio origen a la clase alta chilena, y a una estructura social que se perpetu\u00f3 a trav\u00e9s de la hacienda, la cual dividi\u00f3 a la sociedad en patrones, empleados, inquilinos y peones con diferencias de recursos y poder muy significativas. Desde entonces la brecha de ingresos ha oscilado en distintos momentos, pero a la larga se ha mantenido bastante estable desde mediados del siglo XIX, dice el texto.<\/p>\n<p>Eso significa que hoy Chile es un pa\u00eds desigual, en una regi\u00f3n, Latinoam\u00e9rica, que s\u00f3lo es superada por \u00c1frica en esta caracter\u00edstica. La buena noticia es que la desigualdad de ingresos se ha reducido en las \u00faltima dos d\u00e9cadas de acuerdo a los principales indicadores que se utilizan para medirla (coeficiente de Gini, el indicador de Palma, la raz\u00f3n de quintiles), fundamentalmente, explica el libro, como consecuencia del alto crecimiento que experimentaron los sueldos m\u00e1s bajos. Pese a eso, en amplios segmentos de la poblaci\u00f3n existe la percepci\u00f3n de que la brecha no se acorta y este tema ha adquirido creciente relevancia en la pol\u00edtica y las encuestas.<\/p>\n<p>Hay autores como el economista Claudio Sapelli, que dicen que las brechas salariales continuar\u00e1n reduci\u00e9ndose, ya que en las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes hay una menor desigualdad de educaci\u00f3n. El PNUD es menos optimista y sostiene que se necesitan medidas m\u00e1s profundas ya que no est\u00e1 claro si el sistema productivo puede absorber a todos los profesionales en el mercado, al tiempo que los cambios tecnol\u00f3gicos y la automatizaci\u00f3n de procesos tambi\u00e9n son una amenaza para el empleo.<\/p>\n<p><strong>Mundos paralelos<\/strong><\/p>\n<p>Entre 1990 y 2015 los salarios reales crecieron en promedio un 120 por ciento, y el mayor incremento fue en los m\u00e1s bajos. No obstante, siguen siendo insuficientes para cubrir las necesidades de muchas personas. De acuerdo al libro, en 2015 la mitad de los trabajadores chilenos (empleados 32 horas semanales o m\u00e1s) ten\u00edan un sueldo bajo, entendido como aquel que no le permite a alguien mantener a una familia promedio sobre la l\u00ednea de la pobreza, que en ese a\u00f1o correspond\u00eda a 343 mil pesos. Los m\u00e1s afectados son los j\u00f3venes de entre 18 y 25, las mujeres y las personas con educaci\u00f3n escolar incompleta. De acuerdo con los investigadores, eso implica que si la cifra de pobreza (11,7 %) no es m\u00e1s alta es porque en la mayor\u00eda de los hogares tiende a vivir m\u00e1s de una persona que trabaja.<\/p>\n<p>En ese contexto, no sorprende que cerca del 70 por ciento de los trabajadores de sectores populares diga que considera que gana menos o mucho menos de lo que merece. El 58 por ciento de los de clase media contesta lo mismo y en promedio las personas aseguran que los salarios de las ocupaciones de menores ingresos deber\u00edan aumentar en un 60 por ciento y las de los gerentes y pol\u00edticos bajar en 30 y 75 por ciento, respectivamente.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el estudio, los bajos sueldos son una de las consecuencias m\u00e1s complejas de la desigualdad en Chile, \u201cel sentimiento de exclusi\u00f3n de parte de la poblaci\u00f3n con respecto al desarrollo del pa\u00eds\u201d. Y sigue: \u201cSi el trabajo no aporta reconocimiento, resulta inefectivo como mecanismo de movilidad social, no constituye un espacio de aprendizaje y perfeccionamiento, no permite solventar las necesidades b\u00e1sicas y menos construir proyectos a largo plazo, como el financiamiento de la vivienda propia o la educaci\u00f3n de los hijos, la inserci\u00f3n laboral pierde sentido\u201d.<\/p>\n<p>No todos los ingresos son bajos: un rasgo central de Chile es que parte del ingreso del pa\u00eds se concentra arriba, en el 1 por ciento m\u00e1s rico, que en Chile capta el 33 por ciento de lo que genera la econom\u00eda. Si todav\u00eda se acerca m\u00e1s la lupa, plantea el libro, el 0,1 por ciento m\u00e1s rico se lleva el 19,5 por ciento de lo que genera el pa\u00eds y el piso de entrada a ese segmento son 17 millones mensuales despu\u00e9s de impuestos, mientras que el ingreso promedio de ese 0,1 por ciento es de 111 millones. Eso no significa, dicen los autores, que esas personas reciban ese monto l\u00edquido cada mes, \u201csino que algunas de ellas en el tope del segmento son propietarias o socias de las mayores empresas del pa\u00eds y obtienen utilidades muy altas, que elevan el promedio\u201d.<\/p>\n<p>De acuerdo con la investigaci\u00f3n, parte de esas grandes diferencias entre uno y otro extremo tienen que ver con que en Chile hay dos realidades laborales paralelas: una formada por compa\u00f1\u00edas de alta productividad, con trabajadores con estudios y empleos m\u00e1s estables y otro grupo de empresas poco eficientes, con trabajadores no calificados y que ganan poco, en el que los empleos duran ocho meses en promedio, en el caso de los hombres, y 11 ,en el de las mujeres, lo que impide planificar y proyectar a futuro.<\/p>\n<p>De este modo, la desigualdad en el pa\u00eds es una de las m\u00e1s elevadas de los pa\u00edses OCDE o si se prefiere comparar con el barrio, est\u00e1 en el lugar medio alto en el contexto latinoamericano.<\/p>\n<p><strong>Las propias u\u00f1as<\/strong><\/p>\n<p>No es muy habitual que los estudios acad\u00e9micos en esta \u00e1rea incluyan historias personales y adopten un tono m\u00e1s \u00edntimo, pero el libro lo hace para tratar de responder c\u00f3mo es vivir en una sociedad desigual desde la experiencia cotidiana. Para ello dividi\u00f3 a la sociedad en clases bajas, medias bajas, medias, medias altas y altas, y se realizaron entrevistas en profundidad con integrantes de cada una en Santiago, Concepci\u00f3n y Valpara\u00edso. Tambi\u00e9n se organizaron ocho grupos de discusi\u00f3n que complementaron los datos de la encuesta PNUD-DES 2016.<\/p>\n<p>En muchos casos, cuando la gente compar\u00f3 su vida con su infancia y la de sus padres o las generaciones anteriores, el relato predominante fue el del cambio y el progreso. En esa comparaci\u00f3n con el pasado aparece que el pa\u00eds ha experimentado avances en infraestructura, acceso a bienes y reducci\u00f3n de la pobreza, entre otros aspectos, que se traducen en que al comparar su posici\u00f3n actual con la de sus hogares en el pasado, el 46 por ciento habla de alguna mejora.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de las personas no atribuyen sus avances a las transferencias del Estado, las mejoras globales ni al esfuerzo colectivo, sino que a su capacidad de arregl\u00e1rselas solos. El m\u00e9rito propio es el responsable. \u201cLa imagen del esfuerzo individual es siempre clave en las narrativas biogr\u00e1ficas: es el gran motor de las trayectorias de vida, lo que explica haber dejado atr\u00e1s la pobreza o incluso la miseria\u201d, dice el libro y contin\u00faa despu\u00e9s explicando que \u201cen las clases bajas es la imagen de la lucha personal que permite surgir frente a la adversidad del entorno y a la posibilidad de perderse en la calle, en las drogas, en la delincuencia. En las clases medias bajas, sintetiza la lucha por mantener la posici\u00f3n social ante dificultades o tragedias biogr\u00e1ficas (despidos, enfermedades, crisis familiares) que amenazan con desbaratar lo construido. En las clases medias, es la capacidad individual de emprender, tomar riegos y mantenerse a flote, asumiendo los costos simb\u00f3licos y de recursos que ha significado desplazarse en la escala social\u201d.<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n de haber mejorado con respecto al pasado est\u00e1 acompa\u00f1ada por la angustia que muchas veces produce el presente, o a\u00fan m\u00e1s el futuro, ya sea por la dificultad para mejorar m\u00e1s, lo suficiente para estar tranquilo, o sostener la posici\u00f3n alcanzada. \u201cTener una buena educaci\u00f3n o un buen salario, trabajar lo justo y necesario, vivir en un barrio seguro, sentirse tratado en forma digna, sentir seguridad por el futuro personal o de los hijos son evaluaciones en que la mayor\u00eda no se reconoce\u201d.<\/p>\n<p>Ese sentimiento se da incluso en segmentos de las clases medias altas. Pese a que desde afuera son vistas como si tuvieran todo resuelto, los profesionales de primera generaci\u00f3n que han ascendido socialmente y que pertenecen a ese grupo tambi\u00e9n viven con la preocupaci\u00f3n de perder lo que han logrado: tener sus necesidades materiales resueltas y poder darse gustos, mandar a sus hijos a colegios particulares y atenderse en el sistema privado de salud. Las personas que en la investigaci\u00f3n son menos proclives a ese sentimiento son las de la llamada clase alta tradicional. Parecen mucho m\u00e1s confiados de la estabilidad de su posici\u00f3n y por eso su fuente de temor es externo y apunta al curso que tome el pa\u00eds: les preocupa que se pierda el rumbo de la econom\u00eda, \u201clos valores\u201d, el respeto, porque eso s\u00ed puede desestabilizarlos.<\/p>\n<p>En el contexto de la alta valoraci\u00f3n que tiene el esfuerzo individual, el libro destaca dos aspectos: uno es la aparici\u00f3n de una fuerte cr\u00edtica que se hace dirigida a los grupos m\u00e1s altos, que se considera que viven de sus privilegios. Un dato de la encuesta PNUD-DES 2016 es revelador: mientras el 93 por ciento cree que la clase media corresponde a gente de esfuerzo, el 38 por ciento dice lo mismo de las personas de la clase alta. Por otro lado, los autores tambi\u00e9n plantean que la tesis de que todo progreso tiene una causa individual puede llevar a \u201calgunos a creer que si las personas salen adelante s\u00f3lo gracias a su esfuerzo, aquellos que no lo han hecho es por flojera o falta de iniciativa\u201d, opini\u00f3n que si bien no es la dominante, s\u00ed aparece en entrevistas y grupos de discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Fuente: http:\/\/www.latercera.com\/noticia\/desigualdad-chile-dura-matar\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sello de origen La asimetr\u00eda en la distribuci\u00f3n del capital y la influencia existe en este territorio desde antes de que Chile fuera Chile, plantea este trabajo liderado por el economista Osvaldo Larra\u00f1aga junto al soci\u00f3logo Raimundo Frei y el ingeniero y soci\u00f3logo Mat\u00edas Coci\u00f1a, investigadores del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). 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